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Roba, cava y persigue: comportamientos típicos del teckel

Te das la vuelta dos segundos para coger una servilleta y la croqueta ya no está en el plato. En el parque, el agujero junto al banco tiene su firma. Y cuando una paloma levanta el vuelo a diez metros, todo lo que le has enseñado en meses desaparece durante un rato largo, junto con tu dignidad y parte de tu hombro.

Robar comida, cavar y perseguir lo que se mueve son los tres comportamientos típicos del teckel que más mensajes generan, y vienen del mismo sitio: un perro seleccionado durante siglos para encontrar a un animal por el olor, escarbar hasta él y no soltarlo. No se borran. Se les da salida, se gestionan y alguno, directamente, se acepta.

Por qué los comportamientos típicos del teckel no son manías

Hay conductas que el perro trae de fábrica, secuencias de movimientos heredadas que nadie le ha enseñado: perseguir lo que huye, escarbar, enterrar la comida que sobra. Cada perro las tiene con una intensidad distinta, y en una raza criada para meterse bajo tierra detrás de un tejón vienen con el volumen alto.

Lo importante para ti es otra cosa. Estas conductas se premian solas: cavar le gusta, perseguir le gusta, y el bocadillo robado está buenísimo. El premio está en hacerlo, no en lo que tú digas después, y por eso regañarle a toro pasado no sirve de nada. Lo que funciona es que tenga menos ocasiones de practicar lo que no quieres y una salida legal para lo que necesita hacer.

Trufa, por ejemplo, entierra sus huesos de chuche en el sofá sin que nadie se lo haya enseñado nunca; la escena entera está en la crónica de los huesos del sofá. Si te interesa el porqué de este paquete completo, está en el carácter del teckel.

Robar comida: un pirata a la altura de tu rodilla

Quienes los crían los describen sin rodeos: se suben a sillas y mesas en busca de migas o de tu cena, sin el menor remordimiento, y se beben tu té sin que llegues a verlos moverse. Para un perro que encuentra comida por el olfato, una encimera es un rastro con premio al final.

Lo que lo vuelve tan difícil de quitar es que no siempre sale bien. Nueve intentos sin nada y uno con media tortilla funcionan como una máquina tragaperras: el premio de vez en cuando engancha más que el premio fijo. Así que el primer trabajo es tuyo, y consiste en que la máquina deje de pagar. Encimera vacía cuando sales de la cocina, sillas metidas bajo la mesa, basura con tapa y nada de comer con el plato en la mano a la altura de su hocico.

Después viene la parte de enseñar. Un «deja» bien entrenado le corta el gesto antes de que lo tenga en la boca, y mandarle a su sitio mientras coméis le da algo que hacer en vez de mendigar; los dos los tienes en las órdenes básicas del teckel. Si ya lo ha cogido, no le persigas por el pasillo para quitárselo. Eso enseña a huir con el botín o a defenderlo, y para cambiarlo por algo mejor está la guía de cuando tu teckel defiende su hueso.

Hay dos motivos más para tomárselo en serio. Uno es la espalda, porque saltar de una silla al suelo con una loncha en la boca no es el ejercicio que necesita. El otro es lo que roba: uvas, chocolate o un chicle sin azúcar pueden intoxicarlo, y la lista con sus plazos está en alimentos prohibidos para el teckel.

Y si un adulto que nunca robaba se vuelve de golpe un ladrón compulsivo, mira primero el plato. Tras la esterilización muchos tienen más hambre con la misma ración. Si además bebe y orina mucho más que antes, pide cita con el veterinario esa misma semana.

Cavar en el jardín, en la manta y entre los cojines

Las patas delanteras de un teckel son dos palas, anchas y fuertes, y para eso se criaron. Fuera de casa cava por varios motivos: un olor bajo la tierra, enterrar algo para luego o, en verano, quitar la capa de tierra seca para tumbarse en la húmeda de debajo. Dentro, el mismo instinto sale en forma de manta escarbada antes de tumbarse, de túnel bajo el edredón o de cojín revuelto.

Quien cría teckels suele resolverlo igual: un sitio donde puede cavar todo lo que quiera y otro donde no. Un rincón del jardín con arena removida, o un arenero, y unos premios enterrados para que descubra que ahí cavar tiene recompensa. Si no tienes jardín, una caja con mantas viejas y juguetes escondidos cumple la misma función, y los juegos de nariz le cansan más que media hora de paseo; ideas en juguetes de olfato para un teckel.

Lo que no funciona es dejarlo solo en el jardín y esperar que respete el césped. No lo hará, y no por desafío: simplemente no sabe que ese trozo de tierra tiene dueño.

Hay un tipo de cavar que es otra cosa. Si escarba con desesperación junto a la puerta, o destroza el sofá solo cuando se queda solo, el problema no es el instinto sino la ausencia, y tiene su guía en ansiedad por separación.

Perseguir lo que se mueve: conejos, palomas, gatos y patinetes

Perseguir es la parte del instinto de caza que más sustos da. Se dispara con el movimiento, y cuanto más deprisa huye la paloma, el gato o el patinete, más sube el perro de revoluciones; por qué la carrera le compensa aunque nunca atrape nada lo explico en la guía de la llamada. Una criadora de la raza calcula que más de la mitad de los teckels saldrían detrás de un animal sin mirar si viene un coche.

Trufa persigue conejos, y las normas de correa que seguimos en el campo salieron de dos sustos que cuento en la crónica de los conejos.

Lo práctico se resume en tres frentes. Primero, que no pueda ensayarlo: correa larga en zonas con fauna, y suelto solo donde un conejo no pueda llevarlo a una carretera. Segundo, aprende sus señales previas, porque el momento de actuar es cuando se queda clavado mirando o pega el morro al suelo, no cuando ya ha arrancado; a partir de ahí, tu voz pesa poco. Tercero, dale algo que sí pueda perseguir contigo: un juguete arrastrado por el suelo, en línea recta, que atrapa y suelta a cambio de un premio. Sin saltos ni giros bruscos, que su espalda no está para quiebros.

La llamada es lo que separa un susto de un disgusto, y con esta raza se entrena por fases y con mucha paciencia: el método está en la llamada del teckel. Si lo que persigue son bicis, patinetes o personas, y además intenta morder, eso ya no es un juego de caza y necesita ayuda profesional.

Cuándo deja de ser cosa de la raza

Casi todo lo anterior es normal y se gestiona en casa. Pide ayuda, primero al veterinario y luego a una educadora que trabaje en positivo, si ves algo de esto:

  • Una conducta que aparece de golpe en un adulto que nunca la tenía.
  • Gruñidos o mordiscos cuando te acercas a lo que ha robado o enterrado.
  • Come cosas que no son comida: piedras, calcetines, plástico.
  • Cava o destroza solo cuando se queda solo, hasta hacerse daño en las patas.
  • Persigue y muerde a personas, bicis o coches.

En un perro adulto, el dolor también cambia la conducta, y en esta raza la espalda siempre está entre los sospechosos. Lo que conviene descartar antes de ponerse a educar está en los problemas de conducta del teckel, y los gruñidos, en qué hacer si tu teckel gruñe o muerde.

Un teckel que no robara, no cavara y no persiguiera nada sería más cómodo, eso nadie lo duda. También sería otro perro. El tuyo seguirá mirando la encimera con interés profesional; tu trabajo es que no encuentre nada.

Para seguir entendiendo al cazador del sofá:
– Cómo educar a un teckel sin pelearte con su carácter
– Por qué se revuelcan en lo que más huele
– Qué hacer si tira de la correa detrás de cada rastro

Fuentes consultadas

Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».

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