Una alfombra olfativa parece un felpudo que ha pasado una mala noche: tiras de forro polar anudadas, sin pilas, sin luces, sin nada que prometa gran cosa. Y es de los juguetes de olfato para perro que más cambian una tarde de lluvia, de esas en las que no hay paseo largo posible y tienes en casa a alguien de seis kilos dando vueltas con un calcetín en la boca, buscando pelea.
Esta guía tiene enlaces de afiliación a Amazon: si compras desde ellos, la web gana una pequeña comisión y tú pagas lo mismo. Te lo digo desde el principio: con Trufa jugamos a buscar por casa, sin juguete, y ninguno de los cuatro de abajo lo he probado con ella. Los he elegido por cómo están hechos y por lo que sé de cómo busca un teckel.
Por qué un rato de nariz le deja más tranquilo que un paseo largo
Buscar comida con el olfato obliga al perro a concentrarse de una forma que caminar no le pide: decide por dónde va, descarta pistas, insiste. Ese trabajo le deja tranquilo, y además parece sentarle bien por dentro. En un experimento, los perros que practicaron búsqueda olfativa a diario durante dos semanas se volvieron más «optimistas» ante una situación dudosa, algo que no pasó con los que hicieron dos semanas de ejercicios de obediencia junto a su dueño (Duranton y Horowitz, 2019).
En un teckel, esto juega a tu favor. El estándar de la raza lo describe como un perro de olfato excelente, rastreador y perseverante, y eso se nota en casa en cuanto le das algo que buscar. Con Trufa lo descubrimos por un consejo del veterinario, que está contado en la página de juego y olfato. Desde entonces, «busca» es de sus palabras favoritas: se lo digo con voz animada, clara, como quien anuncia algo bueno, y ella pega la nariz al suelo y no la levanta hasta encontrarlo todo.
El olfato es ejercicio sin impacto: no hay saltos, ni frenazos, ni giros bruscos. Por eso sirve para días de lluvia, para perros mayores y, con el visto bueno del veterinario, para los que están en reposo. No sustituye al paseo, pero completa muy bien lo que cuenta la sección de ejercicio.
La alfombra olfativa, explicada para la primera tarde
El error más común con la alfombra olfativa es esconder la comida tan bien el primer día que el perro se aburre, decide que aquello no va con él y se pone a morder las tiras. La primera vez tiene que ganar en segundos. Así se sube de nivel sin frustración:
- Pon unas croquetas encima de la alfombra, a la vista, y deja que las coma. Repite.
- Deja que te vea meter unas pocas entre las tiras más cortas, y di «busca» al soltarle.
- Cuando las encuentre sin dudar, escóndelas sin que te vea, más hondo y repartidas por toda la superficie.
- Termina siempre tú, cuando aún tiene ganas, y recoge la alfombra: no es un juguete para dejar en el suelo.
Usa pienso de su propia ración, no premios extra. Si sacas veinte croquetas de su desayuno, no ha comido nada de más; si usas chuches, cuentan dentro de su cupo diario, como explica la guía de chuches para teckel. Con diez minutos suele bastar.
Lo mismo vale para los rompecabezas de comida: alterna varios y no le pongas siempre el mismo, porque un teckel le pilla el truco a un juego en muy pocas sesiones y luego lo resuelve en piloto automático.
Juguetes de olfato para perro: cuatro que encajan con un teckel
Cuatro tipos distintos, para cuatro usos: buscar, resolver, masticar despacio y lamer.
Trixie alfombra olfativa, 50 × 34 cm
Una alfombra de tiras de tela de tamaño contenido, que cabe en un pasillo y se guarda en un cajón. Para un perro pequeño, el tamaño está bien: hay superficie para esconder media ración sin que la búsqueda se convierta en una tarea interminable.
Para quién sí: para empezar con el olfato en casa, perros de cualquier edad y días sin paseo largo.
Para quién no: perros que arrancan y se tragan la tela; esos, solo con supervisión y unos minutos. Contras: el fabricante recomienda lavarla a mano, y con pienso de pescado necesitarás lavarla a menudo.
Nina Ottosson Dog Brick (nivel 2)
Un rompecabezas de veinte compartimentos con piezas que hay que mover para llegar al premio. El nivel 2 es intermedio: obliga a pensar, que es justo lo que le va a un perro que decide por su cuenta.
Para quién sí: perros que ya conocen la alfombra y necesitan un reto nuevo.
Para quién no: principiantes, que deberían empezar por un nivel 1, y perros que intentan masticar las piezas. Contras: hay copias con nombres parecidos; comprueba que la ficha es de Outward Hound.
KONG Classic, talla S
La goma rellenable de toda la vida. Se rellena con parte de su comida, se congela y da un buen rato de trabajo tranquilo, sin saltos. Es útil para los ratos en que te vas de casa, y hay una guía propia si tu perro lo pasa mal cuando se queda solo: ansiedad por separación.
Para quién sí: teckels miniatura y cachorros; los estándar que no lo destrocen.
Para quién no: el que muerde muy fuerte, que necesita una talla M para no arrancar trozos. Contras: si lo untas con crema de cacahuete, lee la etiqueta: algunas llevan xilitol, que es tóxico para los perros.
LickiMat UFO
Un plato con relieve para extender comida húmeda y que la lama. No es de olfato, pero calma y entretiene, y funciona muy bien para distraerle durante el corte de uñas, el baño o el cepillado.
Para quién sí: perros que se ponen nerviosos con la higiene, y como forma lenta de comer una cucharada de lata.
Para quién no: perros que muerden la silicona en lugar de lamerla. Contras: hay que lavarlo bien después de cada uso, y lo que extiendas también cuenta en la ración del día.
Juegos de olfato caseros con lo que hay en el reciclaje
Antes de comprar nada, prueba con lo que tienes. Una toalla vieja extendida, con croquetas repartidas, enrollada sobre sí misma: el perro tiene que desenrollarla con el morro. Una caja de cartón con papel arrugado y unas croquetas dentro. Una bandeja de magdalenas con una croqueta en algunos huecos y una pelota tapando cada uno. Tres vasos de plástico boca abajo y uno con premio, como un trile en el que el perro siempre acaba ganando.
Y el clásico, que es el que hacemos en casa: esconder unas croquetas o unas chuches pequeñas por las habitaciones mientras espera en otra, y soltarle con un «busca». Al principio, a la vista y cerca; después, detrás de la pata de una mesa o debajo de un cojín bajo. Siempre a ras de suelo, sin obligarle a trepar al sofá ni a subirse a nada.
Con el morro pegado al suelo, un teckel se toma estas búsquedas muy en serio.
Cuando el juguete acaba en trozos
El teckel tiene una mandíbula pensada para sujetar a un tejón, y destroza con facilidad juguetes hechos para perros de su peso. Si un juguete de talla pequeña no dura una semana, sube de talla antes de que se trague un trozo. Revisa las costuras de la alfombra y las piezas de los rompecabezas cada pocos usos, y tira lo que esté roto.
El cartón y el papel de los juegos caseros, fuera en cuanto empiece a comérselos: no es comida y algunos perros lo tragan. Y si en algún momento ves que tu perro vomita, se queja de la tripa o deja de hacer sus cosas después de haberse comido parte de un juguete, llama al veterinario ese mismo día.
Diez croquetas escondidas no parecen gran cosa. Para una nariz como esa, son la tarde entera.
Para seguir jugando:
– Todo el juego y el olfato, sin cargarle la espalda
– De dónde le viene esa nariz tan terca
– Chuches pequeñas para esconder sin pasarse
Fuentes consultadas
Duranton, C. y Horowitz, A. (2019). «Let me sniff! Nosework induces positive judgment bias in pet dogs». Applied Animal Behaviour Science, 211, 61-66. doi:10.1016/j.applanim.2018.12.009
Fédération Cynologique Internationale. Estándar FCI n.º 148: Teckel.
Richie, V. (2020). The Complete Guide to Dachshunds. LP Media.
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds.