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Protección de recursos: cuando tu teckel defiende su hueso

Trufa tiene la costumbre de enterrar sus huesos de chuche en el sofá y echarles encima, con el morro, una tierra que no existe. Casi siempre es una escena de risa. Una vez no lo fue tanto: se puso muy posesiva encima del sofá con uno de esos huesos y no dejaba acercarse a nadie.

Si tu teckel se tensa cuando pasas cerca de su comedero, gruñe si alargas la mano hacia su juguete o no te deja sentarte en tu propio sofá, lo que estás viendo tiene nombre: protección de recursos. Da miedo, sobre todo si hay niños en casa, y es fácil pensar que tienes un perro agresivo. Casi nunca es así. La conducta tiene explicación, se puede trabajar y empeora con la reacción más instintiva de todas: quitarle el objeto para demostrar quién manda.

Qué es la protección de recursos y por qué no tiene nada de dominancia

Proteger un recurso es usar señales de evitación, de amenaza o de agresión para conservar algo valioso cuando se acerca una persona u otro animal. Es la definición en la que coinciden los especialistas en conducta canina, y deja claro que el abanico es amplio: va desde comer más deprisa hasta morder, pasando por quedarse quieto encima del objeto o gruñir.

El recurso lo elige el perro. Puede ser la comida, un hueso, un juguete concreto, un calcetín robado, su cama, tu cama, el sofá o incluso una persona de la casa. Lo que tiene en común es que, para él, en ese momento, vale mucho.

Durante años se explicó todo esto con la jerarquía: el perro que gruñe se cree el jefe y hay que bajarle los humos. Un perro que protege su hueso no está disputando el mando de la casa; tiene algo que le importa y teme perderlo. Ese matiz lo cambia todo, porque a un perro que teme perder algo no se le convence quitándoselo, sino enseñándole que tu mano cerca no es una amenaza.

En el teckel, además, hay raza de por medio. Es un perro seleccionado para trabajar solo bajo tierra y tomar decisiones sin consultar, con tenacidad de sobra y una relación muy intensa con las cosas que considera suyas. Los manuales de la raza lo describen como un perro que puede ser posesivo, sobre todo si llega de adulto sin una buena socialización, y que bien educado aprende a compartir.

Las señales que llegan antes del gruñido

Casi ningún perro muerde de la nada. Antes suele haber una escalera de avisos, y muchos se quedan en los primeros peldaños sin que nadie los vea. Fíjate en estos, de más suave a más serio:

  • Come o mastica más deprisa cuando te acercas, o coge el objeto y se lo lleva a otra parte.
  • Se pone rígido, deja de masticar y se queda inmóvil, con la cabeza baja encima del hueso o del plato.
  • Te mira de reojo, enseña el blanco de los ojos o te sigue con la mirada fija sin moverse.
  • Gruñe, a veces tan bajo que apenas se oye.
  • Levanta el labio y enseña los dientes.
  • Lanza un mordisco al aire o llega a morder.

Los gruñidos fuertes llaman la atención, pero el perro quieto y rígido, que apenas hace ruido, merece más respeto que el que protesta a voces. Si ves que se congela, ya te está avisando.

Por qué quitárselo a la fuerza sale caro

Cuando un perro gruñe por un hueso, el primer impulso es corregirle: un «no» fuerte, abrirle la boca y quitárselo, dejar claro que eso no se hace. Es el impulso que más problemas trae. En un estudio con perros que llegaron a una consulta de etología, forzarles a soltar un objeto de la boca provocó una respuesta agresiva en el 39 % de los perros con los que se intentó (Herron et al., 2009).

El castigo, además, tiene un efecto que no se ve enseguida. Si le riñes cada vez que gruñe, aprende que gruñir trae problemas, pero sigue teniendo el mismo miedo a perder su hueso. Castigar el gruñido no quita las ganas de proteger, quita el aviso, y el siguiente paso de la escalera ya es el mordisco.

Tampoco ayuda el consejo clásico de meter la mano en su comedero mientras come, o quitarle el plato a ratos «para que se acostumbre». Para un perro que ya protege la comida, eso confirma justo lo que teme: que tu mano se acerca para llevarse algo.

Cómo trabajar la protección de recursos en perros, paso a paso

La idea de fondo es sencilla: que tu cercanía, cuando él tiene algo valioso, anuncie que llega algo bueno y no que le van a quitar nada. Se trabaja despacio, siempre por debajo del punto en que se tensa, y en sesiones cortas.

Primero, que no tenga que defender nada

Mientras trabajas, evita las situaciones que lo provocan. Si protege los huesos, dáselos en su cama o en un sitio tranquilo donde nadie pase, y no en el sofá ni en mitad del pasillo. Si protege la comida, que coma solo y sin nadie alrededor. Cada vez que gruñe y le funciona, la conducta se refuerza; cada día sin conflicto es un día que juega a tu favor.

Después, enseñarle que tu mano trae cosas

Empieza con objetos que le dan igual, como un juguete viejo. Ofrécele algo mejor, por ejemplo un trocito de pollo, y cuando suelte el juguete para cogerlo, se lo devuelves. Así aprende que soltar no significa perder. Cuando lo haga sin dudar, sube el valor del objeto poco a poco, y deja los huesos favoritos para el final.

Con la comida o el hueso que más protege, trabaja la distancia. Pasa cerca de él a una distancia a la que siga comiendo tranquilo y tírale un premio mejor de lo que tiene, sin pararte ni intentar coger nada. Con los días, acorta esa distancia un paso cada vez. Si en algún momento se tensa o deja de masticar, te has acercado demasiado: vuelve a la distancia anterior y sigue desde ahí.

Y un «suelta» que sea un juego

Enséñale a soltar cosas a cambio de un premio cuando no hay tensión, jugando. Un «suelta» bien aprendido sirve el día que coge algo peligroso del suelo, que con un teckel llegará, y te evita tener que meterle la mano en la boca.

El sofá, la cama y los niños: lo que se gestiona desde hoy

Cuando el recurso es un sitio, como el sofá o la cama, no le bajes cogiéndolo en brazos ni empujándolo. Llámale para que baje él solo y prémiale en el suelo, o tírale un premio fuera del sofá para que baje a buscarlo. Además de evitar el conflicto, ahorras a su espalda un tirón en mala postura. Si cada vez que se sube con un hueso acaba en tensión, la solución más sencilla es que los huesos no suban al sofá.

Con niños, la regla no tiene matices. Un niño no se acerca a un perro que come, mastica algo o descansa en su sitio, y no le quita nada de la boca, ni siquiera a su propio juguete. Los niños se mueven rápido, se agachan a la altura de su cara y no leen las señales de antes del gruñido. Si hay niños en casa y tu teckel protege cosas, la supervisión es constante y los objetos más valiosos solo aparecen cuando los niños no están cerca.

Cuando hay más perros en casa, cada uno come en su sitio y los huesos se dan por separado. No hace falta que aprendan a compartir el plato.

Cuándo dejar de probar en casa

Mucha protección de recursos es leve y mejora con gestión y paciencia. Pero hay casos en los que no conviene seguir solo con un artículo:

Si ha mordido o ha marcado la piel a alguien, si hay niños pequeños en casa, si protege a una persona, si va a más a pesar de todo o si gruñe en situaciones cada vez más variadas, busca a una educadora canina que trabaje en positivo o a un veterinario especialista en conducta.

Si la conducta ha aparecido de golpe en un perro adulto que nunca la había tenido, pide cita al veterinario en los próximos días antes que al educador: el dolor cambia el carácter, y en un teckel la espalda siempre está entre los sospechosos. La guía de señales de dolor en el teckel te ayuda a mirar.

El panorama general de los problemas de conducta, y cómo distinguir lo que es edad, raza o algo nuevo, está en problemas de conducta del teckel, por dónde empezar. Y si lo que te preocupa es un cachorro que muerde manos y tobillos jugando, eso es otra cosa, y tiene su propia guía: mordeduras del cachorro de teckel.

Aquel hueso del sofá sigue siendo, para Trufa, algo que vale la pena guardar; la historia de cómo los entierra está en la crónica de los huesos en el sofá. Trabajar la protección de recursos no consiste en que lo suyo le deje de importar. Consiste en que tu mano, cerca de su tesoro, deje de parecerle un peligro.

No soy educadora canina ni veterinaria: esto es lo que he aprendido conviviendo con Trufa y leyendo mucho sobre conducta. Si tu teckel ha gruñido o mordido a alguien en serio por defender algo, esto no se arregla con artículos. Busca hoy a una educadora canina que trabaje en positivo, no la semana que viene, y desconfía de quien te hable de dominancia o de ser el líder de la manada.

Para seguir entendiendo a tu teckel:
– Problemas de conducta: si es la edad, la raza o algo más
– Por qué entierra los huesos en el sofá (sin tierra)
– Cuando un cambio de humor es en realidad dolor

Fuentes consultadas

Jacobs, J. A., Coe, J. B., Widowski, T. M., Pearl, D. L. y Niel, L. (2018). «Defining and Clarifying the Terms Canine Possessive Aggression and Resource Guarding: A Study of Expert Opinion». Frontiers in Veterinary Science, 5, 115. doi:10.3389/fvets.2018.00115
Herron, M. E., Shofer, F. S. y Reisner, I. R. (2009). «Survey of the use and outcome of confrontational and non-confrontational training methods in client-owned dogs showing undesired behaviors». Applied Animal Behaviour Science, 117, 47-54. doi:10.1016/j.applanim.2008.12.011
McConnell, P. B. Al otro extremo de la correa.
Richie, V. (2020). The Complete Guide to Dachshunds. LP Media.

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