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Órdenes básicas para tu teckel: sienta, tumba, quieto y deja

Tu teckel se sienta a la primera en la cocina, con tu mano encima de la nariz y olor a jamón en el aire. En el portal, con la misma palabra y la misma cara, te mira como si le hablaras en finés. Sabe la orden, sí. Solo que la sabe en un sitio, con una mano y con un premio a la vista, y para él eso es otra orden distinta.

Las órdenes básicas se enseñan en pocos días. Lo que lleva semanas es que funcionen fuera de la cocina. Aquí tienes cómo enseñar cada una paso a paso y, sobre todo, cómo pasar del premio en la mano a la palabra sola. Los principios generales (cuánto dura una sesión, qué premios usar, qué hacer cuando la lía) están en cómo educar a un teckel, y la orden más importante de todas tiene su propia guía.

Las cinco órdenes básicas que de verdad usarás con un teckel

Hay listas de quince órdenes. Con un teckel, cinco bien aprendidas cambian la convivencia más que quince a medias: sienta, tumba, quieto, deja y sitio. La sexta, venir cuando le llamas, es la que más le cuesta a un perro de rastro y la que le puede salvar de un susto, y por eso la explico aparte en la llamada del teckel.

Antes de la primera, elige una palabra para decir «eso es»: «bien», «sí» o un chasquido de lengua. Se dice justo en el instante en que hace lo que buscas y siempre va seguida de un premio. Es lo que le permite saber qué ha hecho bien, aunque el premio tarde un segundo en llegar. Los premios, diminutos y sacados de su ración del día; las cuentas para no engordarle están en chuches para teckel.

Y una regla para todas: la orden se dice una vez. Repetir «sienta, sienta, SIENTA» le enseña que las dos primeras no cuentan.

«Sienta», con el premio pegado a la nariz

Ponte delante de él con un premio entre los dedos, a uno o dos centímetros de su nariz. Deja que lo huela y llévalo despacio hacia arriba y hacia atrás, por encima de su cabeza, en dirección a la cola. Para seguirlo con el morro, levantará la cabeza y el trasero bajará solo. En cuanto toque el suelo, dices tu palabra y le das el premio.

Si salta, tienes la mano demasiado alta. Si recula en vez de sentarse, practica con una pared detrás de él. Lo que no conviene es apretarle el trasero hacia abajo con la mano: algunos manuales lo proponen, pero con esta espalda, mejor que baje él solo, siguiendo la comida.

Cuando se siente en cuanto mueves la mano, ocho de cada diez veces, empieza a decir «sienta» justo antes del gesto. Así la palabra pasa a anunciar lo que va a ocurrir.

«Tumba», la que más cuesta a un perro con prisa

A un perro con el pecho a un palmo del suelo, tumbarse le cuesta poco físicamente. Lo que le cuesta es la idea de quedarse quieto mientras pasan cosas. Empieza desde el «sienta»: con el premio en la mano cerrada, baja la mano en vertical hasta el suelo, entre sus patas delanteras, y luego arrástrala despacio hacia delante, dibujando una ele. Para seguirla, irá estirándose hasta tumbarse. Cuando los codos tocan el suelo, palabra y premio.

Si el trasero se levanta, retira la mano, vuelve a pedirle que se siente y empieza otra vez. Si no hay manera, siéntate en el suelo con las rodillas dobladas y haz pasar el premio por debajo de tus piernas: para seguirlo tendrá que agacharse. Practica sobre una alfombra o su manta. Muchos perros se niegan a tumbarse en un suelo frío y duro, y un teckel con opinión sobre la comodidad, todavía más.

«Quieto», y la palabra que le deja levantarse

«Quieto» necesita dos palabras: la que le pide que se quede y la que le dice que ya puede moverse, como «libre» o «vale». Sin la segunda, nunca sabe cuándo termina el ejercicio y se levanta cuando le parece.

Pídele que se siente o se tumbe y, en vez de premiarle al momento, espera un segundo. Palabra, premio y enseguida «libre», animándole a levantarse. Repite alargando la espera muy poco a poco. Lleva el premio rápido a su boca, a la altura del pecho o entre sus patas: si lo acercas desde arriba y despacio, se levantará a buscarlo.

Aquí entra lo que los adiestradores llaman las tres D: duración, distancia y distracción. Se sube una cada vez. Si das un paso atrás, acorta el tiempo; si suena el timbre, vuelve a estar a su lado. Para alejarte, camina hacia atrás de frente a él, porque si te das la vuelta te seguirá. Y vuelve tú a premiarle; no le llames, que eso ya es otra orden.

No uses «quieto» al cerrar la puerta para irte a trabajar ni para obligarle a aguantar algo que le da miedo. Se estropea rápido si significa cosas malas.

«Deja», antes de que se lo meta en la boca

Un perro que vive a la altura del suelo encuentra de todo: huesos de pollo, chicles, colillas, pan con quién sabe qué. «Deja» sirve para que no lo coja; el «suelta», para cuando ya lo tiene, se entrena como un intercambio y lo explico en protección de recursos.

Enciérrale un premio en el puño y deja que lo olisquee, lo lama y lo empuje. No digas nada. En el momento en que se aparte, aunque sea un segundo, palabra y premio de la otra mano, nunca el que estaba en el puño. Cuando se aparte enseguida, empieza a decir «deja» justo antes de cerrar la mano. Después, pon el premio en el suelo tapado con tu mano; luego, con la mano a un lado; y por último, practica en el paseo con cosas que hayas dejado tú antes.

«Sitio», y cuándo dejar el premio en el bolsillo

«Sitio» le manda a su cama o a una manta y le pide que se quede allí. Llévale con el premio hasta la manta, prémiale cuando ponga las cuatro patas encima y, con los días, añade el tumba y un poco de quieto. Es la orden que salva las comidas, las visitas y el timbre: un teckel que tiene adónde ir cuando llaman a la puerta ladra menos que uno que no sabe qué hacer.

Para que obedezca sin ver comida, cambia el premio de mano en cuanto haga una orden con soltura: haces el mismo gesto con la mano vacía y le pagas desde la otra o desde el bolsillo. Luego el gesto se hace cada vez más pequeño, hasta que basta con la palabra. Y cuando lo haga bien a la primera, deja de premiar todas las veces y paga solo algunas, con algo especial de vez en cuando.

Por último, cambia de sitio: cocina, pasillo, portal, calle tranquila, parque. Cada lugar nuevo es casi empezar de cero, así que baja la exigencia cada vez que cambias. Dos sesiones de cinco minutos al día bastan. Y un apunte de criterio propio: los trucos de ponerse a dos patas o de «pedir» sentado en vertical no están en esta lista, y con la columna de un teckel yo no los enseñaría.

Cuando tu teckel se siente en el portal, con la misma cara de la cocina y sin olor a jamón, habrás ganado algo más que una orden: habrás conseguido que tu palabra valga lo mismo en todas partes.

Para practicar fuera de casa:
– Pasear sin que te arrastre
– Todo el adiestramiento del teckel

Fuentes consultadas

Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).

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