El primer gruñido serio de un perro al que quieres suele llegar en un momento tonto. Le mueves para hacerte sitio en el sofá, un niño se agacha a darle un beso, un perro grande se acerca demasiado deprisa en la acera. Y después queda una pregunta incómoda: ¿tengo un perro agresivo?
Casi nunca la respuesta es sí, tal cual. Si tu teckel gruñe o muerde, lo más probable es que tenga miedo, que le duela algo o que esté defendiendo algo que le importa. Mi teckel muerde, gruñe, enseña los dientes: son formas de decir «para», y cada una tiene un motivo que se puede averiguar. Esta guía va de averiguarlo, de qué hacer hoy para que nadie salga herido y de a quién pedir ayuda.
Un gruñido es un aviso, no un desafío
Antes de morder, casi todos los perros avisan. Primero con señales que pasan desapercibidas: se queda quieto, aparta la mirada, se lame el hocico, enseña el blanco de los ojos. Después, con el gruñido. El mordisco suele ser el último paso, cuando los anteriores no han funcionado. Cómo se ve esa escalera con un hueso o un plato de comida lo explico con detalle en protección de recursos.
Por eso no se castiga el gruñido. Reñirle por gruñir le enseña a no avisar, pero no le quita lo que siente. Y un perro que no avisa muerde «sin motivo». En un estudio con perros llevados a consulta de conducta, los métodos de confrontación, como pegarles, zarandearles o tumbarles a la fuerza, provocaron respuestas agresivas en una parte importante de los perros con los que se usaron (Herron et al., 2009).
Cuando gruña, para lo que estés haciendo, apártate con calma y apunta qué ha pasado. Ese gruñido te acaba de dar la información que necesitas.
Las razones más habituales, de la más frecuente a la que menos se ve
Miedo. Es la más común. Manos que llegan desde arriba, desconocidos que se inclinan sobre él, el veterinario, el cepillo, que le cojan en brazos sin avisar. Un teckel que no puede huir, porque está en tu regazo, en un rincón o con correa, a veces elige la otra opción. Aquí entra también el gruñido al despertarle de golpe o al moverle mientras duerme: se sobresalta y reacciona antes de saber quién eres.
Dolor. Es la que más se pasa por alto. En una revisión de casos de perros derivados a especialistas en conducta, al menos un tercio tenía algún problema doloroso, y en algunas consultas la cifra se acercaba al 80 % (Mills et al., 2020). En un teckel, la espalda es la primera sospechosa: si gruñe cuando le coges, cuando le tocas el lomo o cuando intenta subir al sofá, puede estar diciéndote que le duele.
Otros perros. Muchos teckels se lanzan a otros perros con correa y luego conviven bien con ellos sueltos. La correa les quita la opción de alejarse, y un perro pequeño que ha tenido un mal encuentro con uno grande aprende que lo mejor es ladrar primero. No es valentía. Suele ser miedo con mucho volumen.
Proteger algo y el juego que se desborda. La comida, un hueso, el sofá o una persona tienen su propia guía. Los mordisquitos de un cachorro que juega con tus manos y tus tobillos son otra etapa, con su guía en mordeduras del cachorro.
Mi teckel muerde: ¿es cosa de la raza?
En parte. En una encuesta a dueños de más de treinta razas, los teckels estuvieron entre las que tenían más ejemplares con mordiscos o intentos de mordisco a desconocidos y a sus propios dueños, junto con los chihuahuas y los jack russell (Duffy et al., 2008). Es lo que cuentan los dueños, no una medida exacta, y la muestra salió de clubes de raza; aun así, coincide con lo que dicen las criadoras: un teckel poco socializado tiende a desconfiar de la gente y de otros perros.
Influye también el tamaño. A un perro de ocho kilos se le consiente lo que a uno de cuarenta no, y sus avisos se ignoran más porque hacen gracia. Pero la raza explica una tendencia, no a tu perro. La socialización, la manera de educarle y la salud pesan tanto o más. Si el tuyo es joven, mira socializar a un teckel: llega a tiempo de mucho.
Qué hacer hoy, mientras buscas ayuda
Lo primero es que nadie salga herido, ni la gente ni el perro. Durante unos días, apunta cada episodio: qué pasó justo antes, quién estaba, dónde y cómo reaccionó. Esa lista es oro para quien te ayude después. Mientras tanto:
- evita las situaciones que lo provocan, aunque sea de forma provisional;
- deja que sea él quien se acerque a las visitas, sin que nadie le toque la cabeza desde arriba;
- no le cojas en brazos ni le muevas mientras duerme: llámale para que venga él;
- en la calle, aléjate de los perros que le tensan antes de que se lance, aunque tengas que cruzar o dar la vuelta;
- con niños, supervisión constante, y que nunca se le acerquen cuando come, descansa o está en su sitio.
Si ya ha mordido, enséñale a llevar un bozal de cesta poco a poco y con premios, para que sea una herramienta y no un castigo. Nada de tirones, gritos ni collares de castigo: empeoran el miedo.
Primero el veterinario, después la educadora
Si la agresividad ha aparecido de golpe en un perro que antes no la tenía, o si gruñe sobre todo al cogerle o al tocarle, pide cita al veterinario en los próximos días, antes que a la educadora. Y si además camina raro, tiembla, se niega a moverse, llora al cogerle o arrastra alguna pata, es hoy: en un teckel, eso puede ser la espalda. Cómo reconocer el dolor está en señales de dolor en el teckel.
Descartado el dolor, busca a una educadora canina que trabaje en positivo o a un veterinario especialista en conducta, que además puede valorar si hace falta medicación. Hazlo ya si ha mordido con herida, si hay niños pequeños en casa o si no sabes qué lo dispara. Y desconfía de quien te hable de dominancia, de ser el líder o de corregir con tirones: con un perro que tiene miedo, eso solo añade miedo.
El panorama general, para distinguir lo que es edad, raza o algo nuevo, está en problemas de conducta del teckel. Detrás de casi todos los gruñidos hay algo que tu perro intenta decirte. Escucharlo a tiempo es lo que evita el mordisco.
Escribo como dueña de una teckel con carácter, no como educadora canina ni como veterinaria. Si tu teckel ha mordido a alguien y ha hecho herida, o si gruñe cada vez a más cosas, no lo dejes para cuando tengas tiempo: busca hoy a una profesional que trabaje en positivo. Y si el cambio ha sido brusco, que le vea antes el veterinario esta misma semana.
Para entender lo que hay detrás:
– Cuando defiende su hueso, su plato o el sofá
– Cuando el mal humor es en realidad dolor
– Paseos con correa sin tensión
Fuentes consultadas
Duffy, D. L., Hsu, Y. y Serpell, J. A. (2008). «Breed differences in canine aggression». Applied Animal Behaviour Science, 114(3-4), 441-460. doi:10.1016/j.applanim.2008.04.006
Mills, D. S., Demontigny-Bédard, I., Gruen, M., Klinck, M. P., McPeake, K. J., Barcelos, A. M. et al. (2020). «Pain and Problem Behavior in Cats and Dogs». Animals, 10(2), 318. doi:10.3390/ani10020318
Herron, M. E., Shofer, F. S. y Reisner, I. R. (2009). «Survey of the use and outcome of confrontational and non-confrontational training methods in client-owned dogs showing undesired behaviors». Applied Animal Behaviour Science, 117, 47-54. doi:10.1016/j.applanim.2008.12.011
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).