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Educar a un teckel sin pelearte: sesiones cortas y premios

Le has dicho «sienta» cuatro veces, en cuatro tonos distintos, y él sigue de pie mirándote con una ceja levantada, como quien escucha una propuesta y aún no ha decidido si le compensa. Al final se sienta, sí. Justo cuando dejas de pedírselo. Educar a un teckel tiene fama de imposible, y casi todo lo que la alimenta son métodos pensados para otros perros.

Esta es la versión que funciona con esta raza: qué esperar de él, cómo es una sesión que sirve, en qué orden enseñar las cosas y qué hacer cuando la lía, que la va a liar.

Educar a un teckel empieza por saber para qué lo hicieron

Al teckel lo seleccionaron durante siglos para meterse solo en una madriguera, a oscuras, y decidir sin nadie al lado qué hacer con un tejón. El perro que esperaba instrucciones no servía. El que insistía, el que no soltaba y el que pensaba por su cuenta, sí. Esa herencia sigue ahí: piensa por su cuenta, se aburre rápido con la repetición y tiene una nariz que manda más que tú.

Eso no significa que aprenda poco. Aprende rápido, a veces demasiado: lo que le funciona una vez lo repite, y lo que no le aporta nada lo archiva. Por eso la pregunta útil es qué gana él obedeciendo, no cómo conseguir que obedezca. Si la respuesta es «nada», tiene una lista de planes mejores, casi todos con olor a algo. Lo de la supuesta testarudez está contado en el carácter del teckel.

Sesiones de cinco minutos y premios que de verdad quiere

Una sesión buena con un teckel dura entre cinco y diez minutos, no media hora. Dos o tres al día rinden mucho más que una larga, y conviene terminar siempre con algo que le salga bien, para que la próxima vez venga con ganas.

El premio tiene que ser algo que le importe en ese momento, y en esta raza casi siempre es comida. Trozos diminutos, del tamaño de la uña de tu meñique, que se coma en un segundo y que salgan de su ración del día para no engordarle; las cuentas están en la guía de chuches para teckel. En casa, además, funciona muy bien el olfato como recompensa: dejarle buscar unas chuches escondidas le cansa la cabeza más que diez repeticiones de «sienta».

El sitio también cuenta. Se empieza en el salón, sin ruido ni otros perros, y solo cuando lo hace a la primera se pasa al pasillo, al portal y, por último, a la calle. Pedirle en el parque, con tres perros y un olor a conejo, algo que solo ha practicado en la cocina es pedirle un examen de un tema que no ha estudiado.

Qué enseñarle primero y en qué orden

No hace falta un repertorio de circo. Con muy pocas cosas bien aprendidas, la convivencia cambia, y el orden importa porque cada una se apoya en la anterior:

  1. Su nombre: que al oírlo te mire, y que mirarte le traiga algo bueno.
  2. Ir a su sitio: la cama o la manta donde esperar tranquilo mientras comes o abres la puerta.
  3. La llamada: volver cuando le llamas, la que le puede salvar de un susto.
  4. Soltar: cambiar lo que tiene en la boca por algo mejor, sin peleas.
  5. Esperar: quedarse quieto unos segundos antes de bajar del coche o de cruzar.

La llamada merece una guía aparte, porque con un perro de rastro es la más difícil y la más importante: está en la llamada del teckel. Y «soltar» se entrena como un intercambio, nunca abriéndole la boca. Quitarle las cosas a la fuerza es justo lo que enseña a un teckel a defenderlas.

Cómo enseñar cada una paso a paso está en las órdenes básicas del teckel.

Cada palabra, una sola cosa, y la misma para todos en casa. Si tú dices «ven», tu pareja «aquí» y tu madre «¡ven aquí, guapo!», lo que aprende es que las tres son ruido.

Qué hacer cuando la lía, y por qué el castigo sale caro

Va a pasar: el calcetín robado, el pis en la alfombra, el ladrido al repartidor. El impulso es corregirle con un grito, un tirón o un manotazo. Con un teckel, además de no servir, empeora las cosas. En un estudio con perros que llegaron a una consulta de etología, tumbarles a la fuerza boca arriba provocó una respuesta agresiva en el 31 % de los perros con los que se intentó, y pegarles o darles una patada, en el 43 % (Herron et al., 2009). Es una raza sensible y orgullosa, y lo que aprende del castigo suele ser a hacerlo cuando no miras.

Lo que funciona tiene tres pasos, y es menos vistoso. Primero, evitar que pueda repetirlo: el calcetín, fuera de su alcance; la puerta del baño, cerrada. Después, interrumpir sin drama, con un sonido neutro o llamándole. Y por último, pedirle algo que sí puede hacer y premiarlo. Así no le enseñas solo lo que no se hace, también lo que sí, que es lo que realmente necesita saber.

La teoría de la dominancia, la de que hay que ser el líder de la manada, está superada desde hace años. De dónde salió y por qué no se sostiene lo cuento en los mitos del adiestramiento.

Cachorro, adolescente o adulto: lo que cambia

Con un cachorro se empieza el primer día con lo básico, en sesiones todavía más cortas, y sin exigirle más de lo que su cabeza aguanta: duerme muchísimo y aprende mientras tanto. La fase de los mordiscos, que tiene su propia guía en mordeduras del cachorro, llega casi siempre a la vez que las primeras órdenes.

Entre los seis meses y el año y medio llega la adolescencia, y con ella el momento en que parece haber olvidado todo. No lo ha olvidado: está comprobando si las normas siguen en vigor. Es justo cuando más hay que mantenerlas, con paciencia y sin subir el tono.

Un adulto, incluido uno adoptado, aprende igual de bien, aunque a veces haya que desmontar antes lo que aprendió en otra casa. Las sesiones son las mismas. Lo que cambia es que hay que darle más tiempo para fiarse de ti.

Cuándo dejar de intentarlo solo

Pide ayuda a una persona que eduque perros en positivo si gruñe o enseña los dientes cuando le tocas, le coges o te acercas a su comida; si se pone muy nervioso al quedarse solo; o si llevas varias semanas haciendo las cosas bien y el problema va a peor. Si el cambio ha sido de repente en un perro que antes no lo hacía, la primera visita es al veterinario: el dolor de espalda cambia el humor de un teckel antes que su forma de andar. Los problemas más habituales y cómo encararlos están en problemas de conducta del teckel.

Un teckel educado obedece a la primera bastante menos de lo que prometen los vídeos de adiestramiento. Lo que ha aprendido es que hacerte caso casi siempre le sale a cuenta, y que de vez en cuando, por principios, te lo hace sudar.

Por dónde seguir:
– El adiestramiento del teckel, de los ladridos a la soledad
– Que vuelva cuando lo llamas
– Por qué tu teckel es como es

Fuentes consultadas

Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Herron, M. E., Shofer, F. S. y Reisner, I. R. (2009). «Survey of the use and outcome of confrontational and non-confrontational training methods in client-owned dogs showing undesired behaviors». Applied Animal Behaviour Science, 117, 47-54. doi:10.1016/j.applanim.2008.12.011
McConnell, P. B. Al otro extremo de la correa.

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