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Que tu teckel vuelva cuando lo llamas: la llamada paso a paso

Lo has vivido o lo vivirás: tu teckel a veinte metros, con el morro metido en una mata, y tú repitiendo «ven» cada vez más alto mientras medio parque mira. No levanta la cabeza. Cuando por fin decide volver, llega al trote y con cara de no haber oído nada, probablemente porque no lo ha oído. Enseñar la llamada a un teckel se parece poco a enseñársela a un labrador, y empieza por entender contra qué compite tu voz.

Aquí va cómo construir una señal con opciones de ganar, en qué orden entrenarla y qué costumbres de cada día la estropean sin que te des cuenta. Con una advertencia por delante: hay teckels que no deberían ir sueltos cerca de una carretera por bien entrenada que esté su llamada. Ona lo comprobó el día que cruzó una detrás de un conejo: no pasó nada porque no venía ningún coche, no por mérito mío.

Tu voz contra cuatro siglos de seguir rastros

El teckel se seleccionó para seguir un rastro con el morro pegado al suelo y no soltarlo. Un perro que persigue está prácticamente sordo a cualquier llamada mientras dura la carrera, y hay un detalle que lo explica todo: perseguir se refuerza a sí mismo. El perro no corre para atrapar al conejo; correr detrás ya es el premio.

Trabajar la llamada ayuda, pero las ganas de perseguir están más hondas que cualquier orden, y cada persecución que el perro completa alimenta la siguiente. De ahí sale la primera regla práctica, que no tiene nada de técnica: mientras la llamada no esté hecha, tu teckel no debería tener ocasión de perseguir nada suelto.

Esto ajusta lo que puedes esperar. Una buena llamada no convierte a tu teckel en un perro pastor pendiente de tus gestos; consigue que, en la mayoría de las situaciones, volver a ti le compense más que seguir a lo suyo. Con un conejo delante esa cuenta casi nunca sale a tu favor, y el entrenamiento consiste en ir ganando terreno en todas las demás.

Una palabra reservada para buenas noticias

Elige una señal y úsala solo para esto. «Ven», «aquí» o un silbido doble: da igual cuál, mientras sea siempre la misma y no la compartas con «vamos», «a la bañera» o su nombre a secas. Pasa más de lo que crees: llamas a tu perro por su nombre, varias veces, bajo la lluvia y sin respuesta, hasta que caes en que solo le has dicho cómo se llama, no qué quieres que haga. El nombre sirve para que te mire; la señal, para que venga.

La palabra, además, se gasta. Los animales dejan de atender a un sonido que se repite sin consecuencias, igual que quien vive junto a la vía deja de oír el tren. Cada «ven, ven, VEN» que tu teckel ignora le enseña que esa palabra es ruido de fondo. Dila una vez, y si no viene, no la subas de volumen: vuelve a pedirla en un sitio más fácil.

El tono también cuenta. Las notas cortas y repetidas animan a moverse, mientras que un sonido único, seco y grave tiende a frenar, que es justo lo que hace mucha gente al llamar con voz de sargento. Palmadas, voz alegre, silbidos cortos: que la llamada suene a fiesta y no a bronca.

Cómo enseñar la llamada a un teckel, del pasillo al campo

Empieza dentro de casa, a dos o tres metros, cuando tu teckel esté medio distraído pero no absorto en nada. Di la señal una vez, con voz alegre, agáchate un poco, da una palmada y aléjate de él. Esto último cuesta, porque lo natural es avanzar hacia el perro, pero caminar hacia él le dice «quédate ahí» con el cuerpo mientras tu voz dice «ven». Darte la vuelta y alejarte le invita a perseguirte, y eso a un teckel le sale solo.

Cuando llegue, premio en el momento y de los buenos. Dáselo antes de que se siente, para que no entienda que lo que se pagaba era el «sienta». Y de los buenos significa comida de verdad que normalmente no le das: pollo, queso o jamón cocido, en trozos del tamaño de un guisante. Lo que tu teckel considere un premio gordo, no lo que tú creas que debería bastarle.

Hay un ejercicio a dos que funciona bien. Una persona sujeta al perro por el arnés mientras la otra le enseña el premio y se aleja diez o quince metros; cuando lo sueltan y ya corre hacia ti, dices la señal. Al principio la palabra acompaña algo que ya está pasando; con las repeticiones la dices justo antes de que lo suelten, y empieza a significar «corre hacia allí».

Premia también lo que no has pedido. Cada vez que tu teckel se acerque por su cuenta en un paseo, aunque sea a echarte un vistazo, agradéceselo con una caricia o un trozo de premio. Es la base de todo, porque un perro acostumbrado a pasar a saludar es un perro que vigila dónde estás.

Solo cuando responde en casa sin fallos pasas al patio, después a un parque vacío y después a sitios con más distracciones, siempre con correa larga. Cada lugar nuevo es casi empezar de cero: que venga en la cocina no dice nada de lo que hará en el monte. Y cuando tenga la nariz metida en un rastro, espera a que levante la cabeza y entonces llámalo, en lugar de gastar la palabra en pleno rastreo.

Cinco costumbres que enseñan a no volver

Muchas llamadas no fallan en el campo, sino en pequeñas cosas de cada día que le van restando valor:

  • Llamarlo solo para terminar lo bueno. Si «ven» significa siempre correa, coche y fin del paseo, tu teckel aprende a calcular cuánta diversión le queda antes de obedecer. Llámalo varias veces en cada salida, prémialo y déjalo seguir a lo suyo.
  • Llamarlo para lo que no le gusta: el baño, las gotas de los oídos, cortarle las uñas. Para eso, ve tú a buscarlo.
  • Regañarlo cuando por fin llega, aunque haya tardado diez minutos. Lo único que aprende es que llegar trae problemas.
  • Perseguirlo para cogerlo. Para él es el mejor juego del mundo, y lo va a ganar.
  • Pagarle con palmaditas en la cabeza cuando lo que quería era seguir jugando. Para muchos perros, ese gesto en ese momento se parece más a un castigo que a un premio.

Correa larga, campo abierto y la decisión de soltarlo

Para entrenar fuera, usa una correa larga de adiestramiento o un recinto vallado. Con una larga, tu teckel puede alejarse, rastrear y volver sin que ningún conejo decida por él, y tú puedes practicar la llamada con distracciones reales sin jugártela.

Cuando salimos a un campo que no conocemos, Ona lleva una extensible enganchada al arnés, no al collar. En las zonas que ella conoce, donde un conejo no puede arrastrarla hasta una carretera, va suelta. Le da metros para rastrear y meterse entre matorrales, y si sale un conejo la decisión sigue siendo mía, porque con un conejo delante no hay nada en mi bolsillo que compita. En ciudad, en cambio, correa corta y fija.

Si eliges la extensible, frena tú antes de que se acabe la cinta: si llega al tope a toda velocidad, el parón se lo lleva su cuerpo entero. Qué extensible usamos y qué arnés reparte mejor ese frenazo lo cuenta la guía del arnés para teckel.

¿Y cuándo soltarlo del todo? La respuesta honesta es que depende de tu teckel, del sitio y de lo que haya alrededor, y que para algunos la respuesta es nunca cerca de una carretera. Si el tuyo tiene el mismo motor que Ona, suéltalo solo en zonas cerradas o lejos de cualquier vía, y sigue entrenando la llamada aunque no llegue a ser perfecta: la vas a necesitar el día que se suelte un mosquetón o alguien deje una puerta abierta.

Si además persigue gatos, bicis o patinetes, la llamada va de la mano con el trabajo de correa, que cuento en qué hacer si tu teckel tira de la correa. Y para que su nariz tenga trabajo sin cruzar ninguna carretera, están los juegos de olfato.

La llamada, y lo que pasa el día que falla, tiene su sitio con más detalle en el libro en el que estoy trabajando; para saber cuándo sale, echa un vistazo a los libros.

Una llamada nunca se da por terminada: se mantiene, como una cuenta de ahorro en la que ingresas un poco en cada paseo. Págale cada vuelta como si fuera la primera, porque el día que salga el conejo vas a querer tener saldo.

Para seguir con el paseo:
– El carácter del teckel, o por qué su nariz manda
– Los problemas de conducta más comunes, ordenados
– Todo lo de adiestramiento

Fuentes consultadas

Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
McConnell, P. B. Al otro extremo de la correa.

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