Un teckel mal socializado no se nota a las nueve semanas, cuando cabe en una mano y todo le parece bien. Se nota a los dos años, cuando ladra a cada bicicleta, se pega a la pared si alguien se agacha a saludarle y convierte el ascensor en un drama de tres pisos. Lo que pasa entre medias, sobre todo en los primeros cuatro meses, decide buena parte de eso.
La trampa es que esas semanas coinciden con las vacunas, y el consejo de «no lo saques hasta que tenga todas» deja al cachorro en casa justo cuando más aprende. Aquí tienes cómo socializar a un teckel sin jugártela con su salud, qué presentarle y a qué ritmo, y qué cambia si el tuyo ya es adulto y le tiene miedo a medio barrio.
Por qué el teckel necesita más socialización que otros, y hasta cuándo
El teckel se seleccionó para meterse solo bajo tierra y plantar cara a lo que hubiera dentro. La desconfianza le viene de serie y el valor, también. Sin una buena socialización, esa mezcla suele acabar en un perro receloso con la gente que no conoce, que vigila su comida y sus juguetes y que ladra por casi todo; es lo que describen las criadoras británicas que trabajan con la raza.
Los datos generales apuntan en la misma dirección. En una encuesta con 6.000 perros, el miedo a desconocidos y a otros perros se asoció con una socialización pobre de cachorro, con vivir en ciudad y con el tamaño pequeño (Puurunen et al., 2020). Un teckel urbano tiene dos de esos tres factores antes de salir de casa.
La etapa en la que un cachorro acepta lo nuevo con más facilidad va más o menos de las tres semanas a los tres o cuatro meses. Si te lo llevas a las nueve semanas, te quedan unas pocas semanas de esa ventana, y parte las pasa adaptándose a tu casa. Por eso importa tanto que el criador haya empezado antes. Eso no significa que a los cuatro meses se cierre todo: la socialización sigue durante el primer año y conviene mantenerla en la adolescencia, cuando muchos teckels se vuelven más desconfiados de repente.
Socializar a un teckel cachorro sin todas las vacunas
El miedo al parvovirus está justificado: es grave y el cachorro sin la pauta completa no está protegido del todo. Pero encerrarlo tiene su propio coste, y hay datos que ayudan a decidir. En un estudio en cuatro ciudades de Estados Unidos, ninguno de los 279 cachorros que fueron a clases de socialización con al menos una vacuna puesta se contagió de parvovirus, y su riesgo no fue mayor que el de los que se quedaron en casa (Stepita et al., 2013).
La clave es socializar sin exponerlo al suelo donde han estado perros desconocidos. En la práctica:
- Llévalo en brazos por la calle, al mercado o a una terraza, para que vea, oiga y huela sin pisar.
- Busca casas de amigos con perros adultos sanos, tranquilos y con las vacunas al día.
- Apúntate a una clase de cachorros que pida la cartilla y limpie el suelo entre sesiones.
- Deja el pipicán, los parques llenos y las zonas con excrementos para cuando tu veterinario te dé permiso.
Ese permiso suele llegar un par de semanas después de la última dosis de la serie de cachorro, pero el calendario concreto lo marca tu clínica. Cómo se reparten las dosis y por qué la última va a las 16 semanas o más lo cuento en las vacunas del teckel.
Qué presentarle y cómo, sin agobiarle
Socializar no es exponer al cachorro a muchas cosas. Es conseguir que muchas cosas le salgan bien. Un cachorro que se asusta diez veces en una tarde no aprende que el mundo es seguro; aprende que da miedo.
La regla que mejor funciona es la distancia: acércate a lo nuevo solo hasta el punto en que tu teckel puede mirarlo y seguir aceptando un premio. En cuanto ve la cosa, llega algo bueno. Si se acerca por su cuenta a olerla, perfecto; si no, se queda mirando desde donde está y ya es una victoria. Nunca le empujes hacia lo que le asusta ni le pases de brazo en brazo para que «se acostumbre».
Varía mucho, en dosis pequeñas. Un día, gente con gorra, barba o paraguas abierto; otro, el ruido del secador y de la aspiradora; otro, el suelo metálico de una rejilla, el portal de un vecino, un rato en el coche sin ir a ninguna parte. Niños que se mueven despacio y no le persiguen. Un señor con bastón. Y, en casa, cogerle bien y tocarle patas, orejas y boca cada día, que es lo que te permitirá revisarle sin pelea. La lista de lo básico para los primeros días está en la guía del cachorro de teckel; aquí lo importante es cómo se hace.
Fíjate en las señales de que te has pasado: se lame el hocico, bosteza sin sueño, mete la cola, se queda congelado, intenta esconderse detrás de tus piernas o deja de aceptar el premio que le encanta. Cualquiera de ellas significa lo mismo. Te alejas, das por buena la sesión y mañana vuelves con menos.
Otros perros: pocos y buenos antes que el parque lleno
Con otros perros, la calidad pesa más que la cantidad. Un perro adulto, tranquilo y educado le enseña más a un cachorro en diez minutos que una tarde entera en un pipicán con quince perros desconocidos. Para un teckel de cuatro kilos, un perro grande que juega a lo bruto puede ser una lección que tarde años en olvidar.
Empieza con un solo perro conocido, si puede ser en terreno neutro y no en casa de ninguno de los dos, para que nadie tenga nada que defender. Deja que se huelan, corta el juego antes de que se desborde y separa si uno de los dos intenta irse y el otro no le deja.
Y ajusta las expectativas. Un teckel bien socializado no tiene por qué querer jugar con todos. Trufa tiene su grupo en el parque, pero solo juega de verdad con Lua, la otra teckel. La red social del parque tiene su propia crónica en el Diario.
Si tu teckel ya es adulto o le tiene miedo a todo
Con un adulto no se recupera la ventana del cachorro, pero se puede avanzar mucho. El método es el mismo, más despacio: localizar qué le asusta, trabajarlo desde una distancia a la que esté tranquilo y asociarlo con algo que le guste mucho, acortando la distancia día a día. Avanzar y retroceder es parte del proceso.
A Trufa la socialización le llegó tarde por una mezcla de mala suerte que cuento en cachorro o adulto. Lo que mejor recuerdo de aquello es la puerta del parque de perros. Varias tardes seguidas nos quedamos allí: ella miraba a los demás correr, se lo pensaba y decidía que todavía no, y nos íbamos a pasear por otro lado. Un día entró sola, sin que nadie la empujara, y el parque pasó a ser uno de sus sitios favoritos. Respetar ese «todavía no» fue lo que funcionó.
Si el miedo es intenso, si gruñe o se lanza a personas o perros, o si después de unas semanas no hay avance, pide ayuda a una educadora que trabaje en positivo. Cuando el miedo se convierte en mordiscos, lo que toca está en la guía sobre un teckel que gruñe o muerde.
Las revisiones científicas reconocen que aún no se sabe cuánta socialización es suficiente (Howell et al., 2015). Lo que sí está claro es que no termina con el cachorro. Un paseo distinto a la semana, una visita nueva, un ruido nuevo de vez en cuando: el mundo de tu teckel se mantiene grande si lo sigues abriendo.
Para seguir con tu cachorro:
– Sesiones cortas y premios: cómo educar a un teckel
– El calendario de vacunas, sin pegatinas misteriosas
– Todo el adiestramiento del teckel
Fuentes consultadas
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Puurunen, J., Hakanen, E., Salonen, M. K., Mikkola, S., Sulkama, S., Araujo, C. y Lohi, H. (2020). «Inadequate socialisation, inactivity, and urban living environment are associated with social fearfulness in pet dogs». Scientific Reports, 10, 3527. doi:10.1038/s41598-020-60546-w
Stepita, M. E., Bain, M. J. y Kass, P. H. (2013). «Frequency of CPV infection in vaccinated puppies that attended puppy socialization classes». Journal of the American Animal Hospital Association, 49(2), 95-100. doi:10.5326/JAAHA-MS-5825
Howell, T. J., King, T. y Bennett, P. C. (2015). «Puppy parties and beyond: the role of early age socialization practices on adult dog behavior». Veterinary Medicine: Research and Reports, 6, 143-153. doi:10.2147/VMRR.S62081