Cualquier tarde en el parque de perros, en el momento en que se abre la puerta y entra ella.
Al principio Trufa no quería entrar en el parque. Se quedaba en la puerta estudiando quién había, quién corría y quién olía a problema, y solo cuando terminaba la inspección daba el primer paso. Miedo no era: a esta raza el miedo le dura poco. Era revisión técnica.
Con el tiempo se armó un círculo.
Una galga con la que corre en paralelo sin necesidad de decirse nada, un malinois, un border collie y un labrador con los que juega de verdad, un pinscher que se le tira encima de alegría y al que aguanta con paciencia de funcionaria, y Thor, un cruce de teckel con american stafford al que trata con un respeto que no regala.
Es una vida social bastante completa. Y toda se viene abajo en cuanto entra Lua.
Cuando aparece Lua
Lua es la otra teckel del parque, y Trufa la detecta antes que yo. A partir de ese momento ya no hay galga, ni Thor, ni dueña: solo ellas dos.
Lo que hacen juntas no se parece a lo que Trufa hace con ningún otro perro. Corren en circuitos que solo ellas entienden, se dan cabezazos y culetazos, y montan un escándalo que, visto desde el banco, tiene toda la pinta de pelea. No lo es. Tiene sus reglas, y las dos las conocen sin haberlas hablado nunca.
Un juego al que el resto del parque no está invitado
Lo más curioso es lo que pasa alrededor. Los demás perros se acercan, miran un rato, intentan sumarse, y al poco se van, como quien llega a una sobremesa en la que todos se ríen de algo que pasó hace años. No es que las dos los echen. Es que ninguno encuentra por dónde entrar.
Los teckels se reconocen entre ellos de una manera que va más allá del olfato. Lo he visto con Trufa y con Lua cada vez que coinciden, y es lo que más me ha enseñado sobre su carácter: muy selectiva con el resto del mundo y, con los suyos, sin ninguna formalidad. El mood le cambia en cuanto la ve.
Cuando Lua se va, Trufa vuelve con la galga y con Thor como si no hubiera pasado nada. Pero yo ya sé con quién estaría si pudiera elegir, y no soy yo.
La versión de Trufa: Con Lua no hace falta hablar. Con el resto del parque, ni ganas.
Para entender por qué elige a quien elige:
– Valiente, selectiva y con criterio: el carácter del teckel
– Macho o hembra: qué cambia en la convivencia con otros perros