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Adoptar un teckel adulto: qué esperar los tres primeros meses

Los primeros días con un teckel adulto adoptado suelen ser engañosamente tranquilos. Duerme mucho, come poco, no ladra, te sigue por el pasillo a un metro de distancia y te deja pensar que te ha tocado el perro más sencillo del mundo. Hacia la tercera semana empieza a ladrar al timbre, se adueña del sofá o llora cuando cierras la puerta, y aparece la pregunta que nadie dice en voz alta: ¿me he equivocado de perro?

Casi nunca. Lo que pasa es que el perro que llega no es todavía el perro que vive contigo, y los primeros meses tras adoptar un teckel adulto tienen su propio calendario. Si ya has decidido adoptar, o estás a punto de firmar, esta guía va de ese calendario: qué preparar antes, qué esperar cada semana y cuándo pedir ayuda. Si aún dudas entre cachorro y adulto, empieza por cachorro o adulto; y si buscas dónde y cómo adoptar, por adoptar un teckel.

Antes de adoptar un teckel adulto: lo que pides y lo que preparas

Pide todo lo que la protectora o la casa de acogida sepa de él, por escrito si puede ser: qué come y a qué horas, dónde duerme, cómo hace sus necesidades, si se ha quedado solo, cómo reacciona al coche, al baño, a que le toquen las patas. La cartilla y el historial veterinario, con lo que esté puesto y lo que falte. Y una manta o un juguete que huela a su sitio actual.

En casa, prepárale un rincón suyo, apartado del paso, con su cama y agua, donde nadie le moleste cuando se retire. Retira lo que no quieras perder en las primeras semanas: zapatos, cables, cubos de basura a su altura. Y decide antes, entre todos, las normas que van a valer desde el primer día, porque cambiarlas después confunde mucho más a un perro que ya ha tenido otras casas.

En cuanto a equipo, necesita lo mismo que cualquier teckel; está en la lista del primer día. Con un adoptado, hay una cosa que no puede faltar: un arnés que no se pueda quitar y una chapa con tu teléfono desde el momento en que sale de la protectora. Un perro que aún no sabe dónde vive no sabe volver.

El primer día: menos bienvenida y más silencio

Al llegar, antes de entrar en casa, dale un paseo corto por la calle para que haga pis y huela el barrio. Dentro, déjale explorar con correa suelta o sin ella, a su ritmo, y enséñale dónde está su rincón y su agua. Nada de fiesta de presentación con la familia entera, los vecinos y el primo que quería conocerlo: las visitas, dentro de dos o tres semanas.

Es normal que no coma, que no haga sus necesidades en horas o que se pase la tarde mirando por la ventana. Puede que tenga una diarrea leve por el cambio de agua, de comida y de nervios. No le pidas nada ni le obligues a recibir caricias: deja que venga él. El adoptado que se acerca por su cuenta está aprendiendo que aquí acercarse sale bien.

La primera noche puede llorar, como un cachorro, o quedarse en silencio en una esquina. En los dos casos, cerca de ti suele ir mejor que solo en otra habitación, aunque luego decidas que duerma en otro sitio. Lo que pase con la cama ya lo decidiréis; ahora mismo lo que necesita es poder dormir.

Las primeras semanas: descompresión, no examen

Las protectoras llaman descompresión a esta etapa, y es buen nombre. Un perro que viene de un refugio, de otra casa o de una perrera ha pasado por mucho cambio en poco tiempo, y durante unas semanas su cuerpo va con el nivel de alerta subido. Lo que ves estos días es un perro adaptándose, no su carácter.

Lo que más le ayuda es una rutina aburrida: comidas, paseos y siestas a las mismas horas, por los mismos sitios, con las mismas personas. Paseos tranquilos, con tiempo para oler, mejor que excursiones largas o parques llenos de perros. Y nada de ponerlo a prueba: ni dejarlo solo cuatro horas el segundo día para ver qué pasa, ni presentarle a todos los perros del barrio, ni empezar un curso de obediencia.

Las ausencias, eso sí, empiezan pronto y en pequeño. Sal un minuto, vuelve sin fiesta, y ve alargando. Muchos adoptados llegan con problemas para quedarse solos, y en un estudio con perros adoptados en Estados Unidos, los comportamientos relacionados con la separación y los miedos a cosas no sociales, como ruidos u objetos, eran los más frecuentes en los primeros días y meses (Powell et al., 2022). Si ves llanto o destrozos solo cuando no estás, no esperes a que se pase solo: la guía de ansiedad por separación explica cómo trabajarlo desde el primer día.

Con la correa, mucho cuidado estas semanas. Un perro asustado que se suelta en una calle que no conoce es la forma más rápida de que una adopción acabe mal. Nada de soltarlo en el campo hasta que vuelva a la llamada en casa y en sitios tranquilos, aunque en su ficha ponga que «viene siempre».

Un historial con huecos: veterinario, espalda y papeles

Llévalo a tu veterinario en la primera semana, aunque venga revisado. Servirá para conocerse, pesarlo, mirarle la boca (muchos adoptados adultos llegan con sarro o algún diente que dará guerra), revisar la piel y las orejas y poner al día vacunas y desparasitación con lo que falte en la cartilla. En un teckel, pide también que le exploren la espalda y te digan si notan algo: de muchos adultos adoptados no se sabe si han tenido un episodio de dolor, y lo mejor es tener una referencia de cómo está hoy.

En las primeras semanas, mírale tú también. Si se queja al cogerlo, no quiere subir un escalón que antes subía, camina encorvado o arrastra una pata, no lo atribuyas a los nervios del cambio: llama al veterinario ese mismo día. Las señales concretas están en las señales de dolor del teckel.

Y los papeles: comprueba que el chip queda a tu nombre en el registro de tu comunidad autónoma. Lo suele tramitar la protectora o el veterinario, pero es fácil que se quede a medias, y un chip a nombre de otra persona no sirve de mucho si se pierde.

Del primer al tercer mes: cuando aparece el perro de verdad

Entre el primer y el tercer mes, el teckel empieza a sentirse en casa, y eso trae noticias buenas y otras menos. Las buenas: se relaja, duerme a pierna suelta, te busca, juega. Las otras: aparecen opiniones. Ladra al timbre, defiende un rincón del sofá, tira hacia los gatos o decide que el cartero es un problema personal. No es que haya cambiado: es que ya se atreve.

Es el momento de empezar a educar en serio, con sesiones cortas y premios, como con cualquier teckel; un adulto aprende igual de bien, solo que a veces trae costumbres de otra casa que hay que sustituir por otras. Lo que funciona está en cómo educar a un teckel.

También es cuando más se nota si tus expectativas eran realistas. En ese mismo estudio, uno de cada cinco perros volvió a la protectora en los tres primeros meses, la mitad de ellos en los primeros ocho días, y quienes los devolvieron tenían, de partida, expectativas más altas sobre cómo iba a portarse el perro y lo rápido que se iba a crear el vínculo (Powell et al., 2022). Los problemas de adiestramiento, en cambio, tendían a bajar con los meses en los perros que se quedaron.

Si las cosas se tuercen: antes de pensar en devolverlo

Hay situaciones en las que no conviene esperar: gruñidos o mordiscos a personas de la casa, un miedo que no le deja salir a la calle, una ansiedad cuando se queda solo que va a más. El orden es el de siempre: veterinario primero, para descartar dolor, y después una educadora canina en positivo o un veterinario especialista en conducta. Cuanto antes, menos hábitos habrá que deshacer.

Llama también a la protectora. Conocen al perro, han visto muchas adopciones con baches y casi todas tienen a alguien que puede orientarte, o que te puede decir si eso que te preocupa ya pasaba antes. Devolverlo es una opción que existe y que a veces es la correcta, pero no debería ser la primera llamada.

Un teckel adulto llega con la maleta hecha y tarda en deshacerla. El día que se tumba panza arriba en medio del salón, con las patas al aire y sin vigilar la puerta, ya la ha deshecho.

Para acompañar sus primeros meses:
– La primera semana en casa, día a día
– Protectoras y buscadores donde aparecen teckels en adopción
– Socialización, también para un adulto que llega con miedos

Fuentes consultadas

Powell, L., Lee, B., Reinhard, C. L., Morris, M., Satriale, D., Serpell, J. y Watson, B. (2022). «Returning a shelter dog: the role of owner expectations and dog behavior». Animals, 12(9), 1053. doi:10.3390/ani12091053
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».

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