Hay una cuenta que casi todo el mundo hace a escondidas la primera noche, con el cachorro dormido encima: cuántos años me quedan con él. La respuesta, en el caso del teckel, es de las buenas. La esperanza de vida del teckel está entre las más largas de los perros, y buena parte de los años que pueda perder dependen de cosas que pasan en tu casa, no en sus genes.
Aquí van las cifras que dan los estudios, lo que se sabe y lo que no por tamaño y por pelo, lo que más años le quita y qué pasa con la hernia discal, que es la pregunta que viene detrás.
Cuántos años vive un teckel según los estudios
El dato más sólido viene de un estudio británico con más de medio millón de perros: el teckel miniatura vivió una mediana de 14 años, frente a los 12,5 del conjunto de perros, y quedó entre las razas más longevas de todo el análisis (McMillan et al., 2024). Mediana quiere decir que la mitad vivió menos de esa edad y la otra mitad, más.
Otro trabajo anterior, con los historiales de más de cinco mil perros fallecidos en clínicas de Inglaterra, ya había colocado al teckel miniatura entre las cuatro razas que más vivían, junto al caniche miniatura, el border collie y el bearded collie. Las guías de la raza dan un margen de 12 a 15 años.
Así que, como cifra para tener en la cabeza, un teckel sano vive normalmente entre 12 y 15 años. Es mucho tiempo, y conviene planificarlo así: más de una década de veterinario, vacaciones con perro y sofá compartido.
Miniatura, estándar, pelo duro o arlequín: qué cambia
Aquí hay que ser honestos con lo que se sabe. Los estudios grandes dan la cifra del teckel miniatura, pero no publican por separado la del estándar ni la del kaninchen, y no hay ningún estudio que compare los tres pelos. Así que la pregunta «cuánto vive un teckel de pelo duro» no tiene hoy una cifra propia: lo razonable es esperar lo mismo que en el resto de la raza.
Lo que sí está bien establecido es la tendencia general: en todas las razas, los perros más pesados viven menos (O’Neill et al., 2013), y en el estudio de 2024 las hembras vivieron algo más que los machos, unos meses de media. En un teckel, la diferencia entre un estándar de 9 kilos y un miniatura de 5 es pequeña comparada con la que hay entre un teckel y un gran danés. Las diferencias de tamaño dentro de la raza están en la guía de teckel estándar, miniatura y kaninchen.
El color tampoco cambia la esperanza de vida de un teckel arlequín (dapple) bien criado. El problema es el doble arlequín, que nace de cruzar dos arlequines y puede venir con problemas graves de vista y oído; lo explica la ficha del teckel doble dapple. Y en el miniatura de pelo duro existe una enfermedad hereditaria propia, la de Lafora, que se puede descartar con un test genético en los padres antes de comprar.
Lo que más años le quita a un teckel
La raza tiene unos cuantos puntos débiles que, sumados, explican buena parte de los años que se pierden. Ninguno es una sorpresa y casi todos se pueden trabajar:
- La espalda: la enfermedad discal es el gran riesgo del teckel, y en los casos graves algunas familias acaban teniendo que despedirse antes de tiempo.
- Los kilos de más: empeoran la espalda, las articulaciones, el corazón y la respiración, y se acumulan sin hacer ruido.
- La boca: la enfermedad periodontal es muy frecuente en razas pequeñas y no se queda en la boca.
- Lo que se traga: un teckel lo prueba todo, y algunos alimentos de casa son tóxicos para él.
- La edad sin revisiones: muchas enfermedades del perro mayor se tratan mejor si se pillan en un análisis rutinario que cuando ya dan síntomas.
Los cánceres y los problemas de corazón aparecen también en los teckels mayores, como en casi cualquier raza. Ahí la herramienta es la misma: revisión anual de adulto y, desde los 8 años, más frecuente, como cuenta la guía del teckel senior.
La hernia discal y la esperanza de vida del teckel
Una hernia no acorta la vida por sí misma. Muchos teckels se recuperan, con reposo o con cirugía, y viven el resto de sus años con normalidad. Lo que pesa es la gravedad del episodio, lo rápido que se trata y que pueda repetirse.
Ese último punto es el que conviene conocer. En un seguimiento de perros operados de hernia que se habían recuperado del todo, una cuarta parte de los teckels volvió a tener síntomas, casi siempre en los tres años siguientes (Mayhew et al., 2004). No es una condena: es la razón para cuidar la espalda después igual que antes, con el peso a raya y los saltos controlados.
Lo que de verdad cambia el pronóstico es el tiempo de reacción. Si tu teckel arrastra las patas, camina borracho o deja de sentirlas, es una urgencia del mismo día, no del lunes. Las señales y los tratamientos están contados con calma en la guía de hernia discal (IVDD) en el teckel.
Los años que sí dependen de ti
La genética la elige el criador. A partir de ahí, casi todo lo que alarga la vida de un teckel es rutina sin glamur: mantenerle en su peso, que es lo que más protege su espalda; limpiar los dientes o, por lo menos, revisar la boca; llevarle a la revisión anual aunque esté estupendo; vacunas y desparasitación al día; y no dejar al alcance lo que puede tragarse.
El peso merece la primera posición de la lista. Es lo que más cuesta, porque el teckel tiene una cara de hambre que ha perfeccionado durante generaciones, y lo que más devuelve. Cómo saber si está en su peso, sin báscula y con las manos, está en la guía del peso ideal del teckel.
Si estás pensando en tener uno, la cuenta de los años tiene otra lectura: un teckel que llega a casa cuando tienes 30 puede acompañarte hasta los 45. Merece la pena pensarlo antes de elegir criador, y pedirle los tests de salud de los padres.
Catorce años dan para mucho. Para tres mudanzas, dos sofás destrozados y unas cuantas versiones de ti que él va a conocer todas.
Para seguir con la raza:
– Todo sobre la raza: historia, carácter y tamaños
– El teckel de pelo duro, de cerca
– Qué cambia a partir de los 8 años
Fuentes consultadas
McMillan, K. M., Bielby, J., Williams, C. L., Upjohn, M. M., Casey, R. A. y Christley, R. M. (2024). «Longevity of companion dog breeds: those at risk from early death». Scientific Reports, 14, 531. doi:10.1038/s41598-023-50458-w
O’Neill, D. G., Church, D. B., McGreevy, P. D., Thomson, P. C. y Brodbelt, D. C. (2013). «Longevity and mortality of owned dogs in England». The Veterinary Journal, 198(3), 638-643. doi:10.1016/j.tvjl.2013.09.020
Mayhew, P. D., McLear, R. C., Ziemer, L. S., Culp, W. T., Russell, K. N., Shofer, F. S., Kapatkin, A. S. y Smith, G. K. (2004). «Risk factors for recurrence of clinical signs associated with thoracolumbar intervertebral disk herniation in dogs: 229 cases (1994-2000)». Journal of the American Veterinary Medical Association, 225(8), 1231-1236. doi:10.2460/javma.2004.225.1231
Wallis, C., Saito, E. K., Salt, C., Holcombe, L. J. y Desforges, N. G. (2021). «Association of periodontal disease with breed size, breed, weight, and age in pure-bred client-owned dogs in the United States». The Veterinary Journal, 275, 105717. doi:10.1016/j.tvjl.2021.105717
Dachshund: A Smart Owner’s Guide. Kennel Club Books.