Tarde o temprano alguien te lo dice en el parque, con mucha seguridad y mirando a tu teckel por encima del hombro: «Ese perro te está dominando». El consejo viene detrás, en un paquete que se repite casi palabra por palabra. Que comas tú antes que él, que pases tú primero por las puertas, que no suba al sofá y, si gruñe, que lo tumbes boca arriba hasta que se rinda.
Lo del perro dominante es de los mitos más resistentes del adiestramiento, y de los que más daño hacen, porque convierte un problema concreto (miedo, dolor, un hueso que defiende, una orden que nunca aprendió) en una lucha de poder que no existe. Vamos por partes: de dónde sale, qué se sabe hoy y qué otras leyendas viajan con él.
De dónde salió lo del perro dominante
La idea viene de los lobos, o más bien de unos lobos concretos. A mediados del siglo XX se estudiaron grupos de lobos adultos sin parentesco, juntados en un recinto de zoo, que se peleaban por el sitio y por la comida. De ahí salieron el lobo alfa, la jerarquía rígida y la imagen del líder que somete al resto. Y de ahí, por analogía, el consejo de comportarse como el alfa de tu perro.
El problema es que los lobos en libertad no viven así. Una manada salvaje suele ser una familia: una pareja y sus crías de varias temporadas, donde los padres guían porque son los padres, no porque hayan ganado una pelea (Mech, 1999). El lobo alfa que conquista el trono salió de un recinto, no del bosque. El propio investigador que más contribuyó a popularizar el término lleva años pidiendo que se deje de usar.
Y aunque los lobos se comportaran así, un teckel no es un lobo. Lleva miles de años de convivencia con personas encima, y su relación contigo no se parece a la de dos lobos en un recinto. Hoy, quienes estudian la conducta del perro entienden la «dominancia» como algo que describe la relación entre dos perros concretos en una situación concreta, no un rasgo de personalidad, y no encuentran pruebas de que el perro intente ocupar un puesto por encima de su familia humana (Bradshaw et al., 2009).
Tu teckel no quiere el trono, quiere el sofá
Lo que un teckel quiere es bastante más sencillo que mandar: el sitio caliente, la comida, tu atención y que no le quiten lo que tiene. Cuando lo defiende, gruñe o se resiste, casi siempre hay detrás una de estas tres cosas: miedo, dolor o un recurso que valora mucho.
El teckel que gruñe cuando te acercas a su hueso no te está desafiando, está protegiendo algo que teme perder, y se trabaja cambiándole cosas buenas por lo que guarda, como cuenta la guía de protección de recursos. El que gruñe cuando lo coges en brazos puede tener la espalda dolorida. Y el que gruñe a otro perro en la acera suele tener miedo. Si ves ahí una lucha por el poder y respondes con fuerza, añades miedo a un perro que ya lo tenía; por eso no se castiga el gruñido, como explico en qué hacer si tu teckel gruñe o muerde.
Comer primero, pasar primero y otras normas de manada
De la teoría del alfa salieron una serie de normas caseras que mucha gente sigue aplicando sin saber de dónde vienen. Ninguna tiene base en cómo se organizan los perros, y algunas son perfectamente razonables por otros motivos.
Que comas tú antes que él no le dice nada sobre jerarquías; lo que sí le enseña algo es que no le des de tu plato, porque así aprende a pedir.
Que pases tú primero por la puerta tampoco lo pone en su sitio, pero que espere a que le des permiso antes de salir al rellano o de bajar del coche es una costumbre útil y segura, y se enseña como cualquier otra: con un «espera» y un premio.
Y la cama o el sofá no lo convierten en el jefe de casa, una idea que desmonta la guía sobre si tu teckel duerme en tu cama; lo que importa ahí es cómo sube y cómo baja.
La diferencia es la razón por la que pones una norma. Si es para que esté seguro o para que la convivencia sea cómoda, adelante. Si es para demostrarle quién manda, sobra.
Premios, castigos y collares: lo que dicen los estudios
El mito de la dominancia arrastra otro: que la educación con premios es blanda, sirve para trucos y se viene abajo en cuanto hay algo serio, mientras que la mano firme, el tirón o el collar son lo que funciona de verdad. Los datos no lo sostienen.
En Portugal se grabó a 92 perros en siete escuelas de adiestramiento. Los que se entrenaban con métodos aversivos mostraban más señales de estrés durante las clases, tenían más cortisol después y, fuera de la escuela, respondían de forma más pesimista ante una situación dudosa que los entrenados con premios (Vieira de Castro et al., 2020).
En el Reino Unido, con perros que no volvían a la llamada o perseguían ganado, el problema más citado para justificar el collar eléctrico, el entrenamiento con premios funcionó al menos igual de bien que el de descargas, sin sus riesgos (China et al., 2020). Lo que ocurre cuando se tumba a un perro a la fuerza, con cifras, está en cómo educar a un teckel.
En España, además, la discusión tiene poco recorrido: la ley de bienestar animal prohíbe las herramientas de manejo que puedan causar lesiones, y cita en concreto los collares eléctricos, de impulsos, de castigo y de ahogo (Ley 7/2023, artículo 27).
¿Y lo de que con premios solo obedecerá si llevas comida? Pasa si el premio funciona como cebo, enseñado antes de pedir, y no como pago, que llega después. Al principio se paga cada acierto; cuando lo hace bien, se paga de vez en cuando y se mezcla con otras cosas que le gustan, como el olfato o el juego. La comida sale de la mano mucho antes de lo que parece.
Tres frases de parque que conviene olvidar
«Si lo consuelas cuando tiene miedo, se lo refuerzas». El miedo es una emoción, no un truco que repite para conseguir mimos. Acompañar a un teckel asustado con calma, a tu lado y ganando distancia de lo que le asusta, no lo vuelve más miedoso; dejarlo solo con el susto no le enseña a ser valiente.
«Déjalos, que lo arreglen entre ellos». Dos perros que se tensan no siempre lo resuelven solos, y un teckel de seis kilos tiende a plantarse frente a perros que lo triplican. Interrumpir a tiempo y separar no es sobreproteger, es evitar que uno aprenda a temer a los perros grandes.
«Perro viejo no aprende». Un adulto aprende igual de bien que un cachorro, a veces mejor, porque se concentra más. Lo que necesita es tiempo para fiarse de ti y que no le pidas a la vez desaprender lo de antes y aprender lo nuevo. Si te ha tocado un adulto con fama de difícil, lo que parece desafío suele tener otra explicación, y está en la testarudez del teckel.
A quién pedir ayuda, y a quién no
Si hay gruñidos o mordiscos de verdad, miedos que no le dejan salir o un problema que va a peor tras semanas de trabajo, toca pedir ayuda, y el orden importa: primero el veterinario, para descartar dolor; después, una educadora canina que trabaje en positivo o un veterinario especialista en conducta.
Para elegir, escucha cómo habla. Si te pregunta qué pasa, cuándo y desde cuándo, y te propone cambiar lo que pasa antes y después del problema, vas bien. Si te habla de dominancia, de ser el líder de la manada o de «corregir» con tirones o collares, busca a otra persona. No es una cuestión de estilo: es que esa explicación lleva décadas superada.
El día que dejas de ver a tu teckel como un rival, la convivencia cambia bastante. Sigue robando el sitio caliente del sofá, eso no lo arregla ningún método. Pero ya sabes que detrás no hay ningún golpe de Estado, solo un cojín calentito.
Para seguir con buen pie:
– Todo el adiestramiento del teckel, sin castigos
– La socialización, que previene más problemas que cualquier corrección
– Los problemas de conducta más habituales y por dónde empezar
Fuentes consultadas
Mech, L. D. (1999). «Alpha status, dominance, and division of labor in wolf packs». Canadian Journal of Zoology, 77(8), 1196-1203. doi:10.1139/z99-099
Bradshaw, J. W. S., Blackwell, E. J. y Casey, R. A. (2009). «Dominance in domestic dogs: useful construct or bad habit?». Journal of Veterinary Behavior, 4(3), 135-144. doi:10.1016/j.jveb.2008.08.004
Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L. y Olsson, I. A. S. (2020). «Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare». PLOS ONE, 15(12), e0225023. doi:10.1371/journal.pone.0225023
China, L., Mills, D. S. y Cooper, J. J. (2020). «Efficacy of dog training with and without remote electronic collars vs. a focus on positive reinforcement». Frontiers in Veterinary Science, 7, 508. doi:10.3389/fvets.2020.00508
Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales. BOE n.º 75, de 29 de marzo de 2023, artículo 27, letra ñ. boe.es
McConnell, P. B. Al otro extremo de la correa.
Hernández, P. Un perro en el diván.