En mi barrio vive Tyrion, un teckel de pelo duro casi igual que Trufa, que va suelto y espera en el paso de cebra a que su dueño le diga que puede cruzar. A su lado, Trufa tira de la correa como si llegara tarde a algo. Misma raza, mismo pelo, mismo semáforo. Y es justo ahí cuando te asalta la duda de casi todo el que convive con uno: o tu teckel es más testarudo que la media, o el problema eres tú.
Ninguna de las dos cosas, o no del todo. Lo que llamamos teckel testarudo suele ser un perro al que le falta práctica en ese sitio concreto, que tiene delante algo que le paga mejor que tú o que no puede hacer lo que le pides. Cada caso tiene arreglo, pero un arreglo distinto, y por eso conviene saber cuál es el tuyo antes de subir la voz.
Por qué todo el mundo habla del teckel testarudo
Al teckel lo seleccionaron para trabajar bajo tierra, lejos de su dueño, y decidir solo qué hacer con lo que encontraba dentro de la madriguera. Un perro que necesitaba que le dijeran cada paso no servía. Durante generaciones se quedaron los que insistían y los que resolvían por su cuenta, y lo normal es que de ahí salgan muchos teckels firmes, que ladran y que no abandonan un plan a la primera. Eso se templa con educación; no desaparece.
Lo que pasa es que «testarudo» mete en el mismo saco cosas muy distintas. El perro que no se sienta porque no ha entendido, el que no viene porque está rastreando y el que no sube al coche porque le duele la espalda reciben la misma etiqueta, y la etiqueta no te dice qué hacer. Por qué esa tenacidad es también su mejor virtud lo cuento en el carácter del teckel. Aquí vamos a lo práctico.
Cinco razones por las que tu teckel no te hace caso
Cuando tu teckel no obedece, casi siempre está pasando una de estas cinco cosas. Merece la pena pararse diez segundos a pensar cuál, porque la solución de una empeora otra.
Todavía no sabe lo que le pides
Un perro no aprende la palabra «sienta». Aprende un paquete: tu voz, tu mano a cierta altura, la cocina, la hora de la cena y la palabra. Cambia la mitad del paquete y para él es otra pregunta. Por eso se sienta de maravilla junto a la encimera y te mira sin entender en el portal: no lo ha olvidado, es que nunca lo aprendió fuera. Los perros generalizan mal, y el teckel no es una excepción.
Lo que tiene delante le paga más que tú
Una croqueta de su pienso compite mal con el rastro de un gato que pasó hace una hora. En la calle, tu teckel siempre tiene alguna misión secundaria abierta, y si lo que le ofreces vale menos que lo que va a perder, ha hecho bien la cuenta. Sube el premio cuando subes la dificultad: en casa vale su pienso, en el parque hace falta algo que de verdad le guste. Y hay un truco que funciona muy bien con esta raza: usar el propio olor como recompensa. Te mira, se sienta o viene, y le dices «ve a oler». Gana él y ganas tú.
La palabra está gastada
Si llevas meses diciendo «ven» cinco veces seguidas, tu teckel ha aprendido que la primera no cuenta. Y si «ven» casi siempre significa que se acaba el paseo, que toca baño o que le vas a cortar las uñas, también ha aprendido algo: que venir sale caro. Una palabra quemada se puede rehabilitar, pero a veces es más rápido cambiarla por otra y empezar de cero, como explica la guía de la llamada del teckel.
Está cansado, saturado o con miedo
Un teckel que acaba de ver tres perros, un patinete y una obra no está para ejercicios. Tampoco el que lleva veinte minutos de sesión: con esta raza, cinco bien hechos rinden más. Y un perro con miedo no desobedece, se bloquea. Si se queda clavado en una calle concreta o se niega a pasar junto a algo, primero hay que ganar distancia; la obediencia viene después.
Le duele
Esta es la que más se pasa por alto, y en un teckel no se puede. Si de repente deja de sentarse, se sienta torcido, ya no quiere subir al sofá ni al coche o se resiste a que lo cojas, no lo trates como un problema de educación. El dolor está detrás de muchos problemas de conducta (Mills et al., 2020), y en esta raza la espalda es la primera sospechosa. Las señales están en las señales de dolor del teckel; si además se queja al tocarle o camina raro, llama hoy al veterinario.
En casa sí y en la calle no: cómo se entrena el salto
Si solo obedece en casa, toca mover el ejercicio de sitio, poco a poco y sin pedirle de golpe un examen que no ha preparado. Repetir más veces en el salón no le enseña nada nuevo.
Empieza donde ya le sale a la primera, en el salón. Cuando acierte tres veces seguidas, pasa al pasillo. Luego al rellano o al portal, a una calle tranquila a primera hora, a la puerta del parque y, al final, al parque con otros perros. Cada vez que cambies de sitio, baja la exigencia: más cerca de ti, menos tiempo esperando, un premio mejor. Si falla dos veces seguidas, no insistas en el mismo punto. Vuelve al paso anterior, termina con algo fácil y mañana más.
Dicho así parece lento, y lo es. Pero un teckel que ha practicado en diez sitios distintos acaba entendiendo que «sienta» significa sentarse en cualquier sitio, y ese día se nota. Cómo organizar las sesiones y en qué orden enseñar cada cosa lo tienes en cómo educar a un teckel.
Lo que hace más testarudo a cualquier teckel
Hay cosas que hacemos con la mejor intención y que fabrican justo el perro del que luego nos quejamos. Repetir la orden, que le enseña a esperar a la tercera. Subir el tono, que para él solo es más ruido. Tirar de la correa para que se siente, que le enseña a resistirse en dirección contraria, porque así funciona el cuerpo de cualquier perro cuando lo empujan.
Y ceder a medias. Si llora en la puerta del dormitorio, y a la quinta vez le abres, has entrenado un perro que llora cinco veces. Con un teckel, que tiene mucha paciencia y mucha memoria, una excepción de cada diez es suficiente para que siga intentándolo. No hace falta ser duro; hace falta ser predecible.
Lo que no ayuda nunca es tratarlo como un desafío. Un teckel que no se sienta no está disputándote nada, y los castigos, los tirones y el discurso de «demostrarle quién manda» empeoran la relación sin resolver la causa. Por qué esa idea está superada lo explico en los mitos del adiestramiento.
Cómo negociar con un teckel y salir ganando
La meta realista no es un teckel que obedece siempre a la primera. Es uno que casi siempre decide que hacerte caso le compensa, porque le has dado muchas razones para pensarlo. Eso se construye pagando bien al principio, pidiendo en sitios donde puede acertar y no gastando las órdenes que importan en cosas que no le gustan.
Y donde el error sale caro, no se negocia. Cerca de una carretera, con un conejo a la vista o en un campo que no conoces, la correa va puesta aunque tu teckel tenga la mejor llamada del barrio. Con Trufa lo tengo claro desde lo de los conejos: sé quién gana cuando sale corriendo, y qué correa lleva en cada sitio está en correas para teckel.
No sé cuántas horas hay detrás del paso de cebra de Tyrion. Sé que no le ha salido gratis a nadie, y que la testarudez de un teckel, bien llevada, se convierte en lo mismo que admiramos en él: que cuando decide colaborar contigo, no hay quien lo pare.
Si quieres seguir entrenando:
– El adiestramiento del teckel, de los ladridos a la llamada
– Las órdenes básicas, paso a paso y en orden
– Cuando lo que parece testarudez es un problema de conducta
Fuentes consultadas
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».
Mills, D. S., Demontigny-Bédard, I., Gruen, M., Klinck, M. P., McPeake, K. J., Barcelos, A. M. et al. (2020). «Pain and Problem Behavior in Cats and Dogs». Animals, 10(2), 318. doi:10.3390/ani10020318
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
McConnell, P. B. Al otro extremo de la correa.