El gato está en lo alto del respaldo del sofá, con la punta de la cola moviéndose despacio, y tu teckel lo mira desde abajo como si fuera el último conejo del mundo. Nadie se mueve. Esa escena puede acabar en una convivencia tranquila o en una persecución por el pasillo, y la diferencia casi nunca es cuestión de suerte.
Un teckel y un gato conviven en muchas casas, y mejor de lo que dice el refrán. Pero el teckel es un perro de caza seleccionado para perseguir lo que corre, y el que suele pasarlo peor cuando la cosa falla es el gato. Esta guía de teckel y gatos va de las dos partes: cómo presentarlos y cómo organizar la casa para que cada uno tenga su sitio.
Teckel y gatos pueden convivir, si el gato está tranquilo
Los estudios que han mirado dentro de casas con perro y gato son bastante optimistas. En uno hecho en Israel, la mayoría de parejas se llevaban de forma amistosa, y dos cosas predecían que saliera bien: que el gato llegara antes que el perro y que se conocieran jóvenes, el gato antes de los seis meses y el perro antes del año (Feuerstein y Terkel, 2008).
Una encuesta posterior, con más de 700 hogares, añadió un matiz que conviene tener presente: quien marca si hay paz suele ser el gato. Los gatos amenazaban al perro más a menudo que al revés, y lo cómodo que estaba el gato predecía la buena relación mejor que lo cómodo que estaba el perro (Thomson et al., 2018).
Con un teckel hay que contar, además, con su instinto. Un gato quieto le interesa; uno que sale corriendo le enciende el botón de perseguir, el mismo que se le activa a Trufa con los conejos del campo. Por eso hay teckels que conviven en paz con su gato dentro de casa y lo persiguen en el jardín, donde el gato corre. Y lo que aprenden con el suyo no vale para el del vecino. Qué hacer con esas ganas de perseguir lo cuento en roba, cava y persigue: los comportamientos típicos del teckel.
Antes de juntarlos: qué teckel y qué gato
La combinación más fácil es un cachorro de teckel que llega a una casa con un gato adulto tranquilo y acostumbrado a perros. Con esas patas, un cachorro tampoco alcanza a nadie que no quiera ser alcanzado, y aprende pronto que ese animal con uñas no es un juguete.
Con un teckel adulto, pregunta y observa. Si viene de una protectora, pide que te cuenten si lo han probado con gatos y cómo reaccionó; las preguntas que conviene hacer antes de firmar están en la guía para adoptar un teckel. Si ya es tuyo, fíjate en cómo mira a los gatos de la calle: uno que se queda clavado, tenso y sin oír su nombre va a necesitar mucho trabajo, y quizá no sea buena idea.
Y piensa en el gato. Uno muy miedoso, mayor o con problemas de salud que empeoran con el estrés, como la cistitis, puede estar mejor siendo el único animal de la casa. Que el perro esté dispuesto no significa que el gato lo esté.
La presentación, por fases y sin prisa
Las guías veterinarias coinciden en ir por fases y no pasar a la siguiente hasta que los dos estén tranquilos en la anterior. Cuenta con días, a veces con semanas:
- Prepara un cuarto para el gato, con comida, agua, arenero y sitios altos, donde el perro no pueda entrar.
- Intercambia olores unos días: un paño frotado por la cara del gato va a la cama del perro, y al revés.
- Haz el primer encuentro a través de una barrera, como una puerta de bebé, con el teckel con correa y poca gente.
- Repite encuentros cortos hasta que el perro mire al gato y vuelva a mirarte a ti sin quedarse fijo.
- Quita la barrera con el teckel todavía con correa y deja siempre libre una salida para el gato.
- No los dejes solos juntos hasta que lleves semanas sin una sola persecución.
Los premios ayudan, pero dalos a cada uno por separado: un trozo de comida en el suelo entre los dos es la forma más rápida de estropear una buena tarde. Si el teckel se lanza, no le grites. Acorta la sesión, aumenta la distancia y vuelve a la fase anterior, la misma lógica que se usa con cualquier cosa que le altera y que explico en la socialización del teckel.
Si en casa ya hay un perro y el gato es el nuevo, el orden es el mismo: el que llega empieza en su cuarto, y el que ya vivía allí no pierde ni su sitio ni sus costumbres.
La casa, pensada para que el gato tenga salida
Aquí el teckel juega con desventaja, y conviene aprovecharla: no trepa. Un gato con estanterías, un rascador alto o el techo de un armario tiene siempre un sitio donde el perro no llega. Lo que sí intentará el teckel es subirse al sofá o a una silla para acercarse, y saltar desde ahí no le hace ningún favor a su espalda; si se convierte en costumbre, quítale el acceso.
La comida del gato, siempre en alto. Para un teckel, el cuenco del gato es un bufé con más grasa y proteína que su pienso, y la factura llega a la báscula; si ya le sobra algún kilo, mira el peso ideal del teckel. Con el arenero pasa algo parecido: muchos perros se comen lo que encuentran dentro. Ponlo donde el teckel no llegue, o en un mueble con una entrada a la altura del gato.
Y antes de la próxima pipeta, mira el prospecto. Varias de perro llevan permetrina, que a un gato le puede costar la vida aunque solo se frote contra el perro recién tratado. Qué buscar en la etiqueta y cuánto tiempo separarlos está en la desparasitación del teckel.
Señales de que algo va mal, y el zarpazo en el ojo
En el teckel, preocúpate si se queda rígido mirando al gato, lo acecha agachado, gime o tiembla de excitación, o deja de responder a su nombre cuando lo tiene cerca. En el gato las señales son más discretas: se esconde más, come menos, hace pis fuera del arenero o deja de bajar a las habitaciones donde está el perro.
Si pasa eso, vuelve una fase atrás y dale al gato más zonas propias. Si en unas semanas no mejora, un veterinario especialista en conducta puede ver desde fuera lo que tú ya no ves desde dentro.
Los ojos del teckel quedan justo a la altura de la zarpa del gato, y la mayoría de heridas entre los dos son de un gato que se defiende de un perro que no lo deja en paz.
Si tu teckel entrecierra un ojo, lo tiene lloroso o se lo frota después de un encontronazo con el gato, llévalo al veterinario ese mismo día. Un arañazo en la córnea puede convertirse en una úlcera, y las úlceras empeoran deprisa.
Con paciencia, lo normal es acabar con dos animales que se ignoran con mucha educación y que, algún día de invierno, comparten sofá sin que nadie lo haya planeado. A un teckel no le pidas que quiera al gato. Con que lo deje subir tranquilo a su estantería, ya habéis ganado.
Más sobre la vida en casa con un teckel:
– La convivencia con un teckel, habitación por habitación
– Teckel con otros perros: presentaciones y peleas
– Antiparasitarios que no se pueden usar si hay gato
Fuentes consultadas
Feuerstein, N. y Terkel, J. (2008). «Interrelationships of dogs (Canis familiaris) and cats (Felis catus L.) living under the same roof». Applied Animal Behaviour Science, 113(1-3), 150-165. doi:10.1016/j.applanim.2007.10.010
Thomson, J. E., Hall, S. S. y Mills, D. S. (2018). «Evaluation of the relationship between cats and dogs living in the same home». Journal of Veterinary Behavior, 27, 35-40. doi:10.1016/j.jveb.2018.06.043
PDSA. «How to introduce a dog and cat». pdsa.org.uk
PDSA (2018). «Eye ulcers (corneal ulcers) in dogs». Pet Health Hub. pdsa.org.uk
International Cat Care. «Permethrin poisoning». icatcare.org
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Richie, V. (2020). The Complete Guide to Dachshunds. LP Media.