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Golpe de calor en perros: qué hacer en los primeros minutos

Un paseo que se alarga una tarde de junio, una mañana de playa sin sombra, diez minutos en el coche mientras compras el pan. El golpe de calor en perros casi nunca empieza con un drama. Empieza con un jadeo que no baja y un perro que se tumba donde nunca se tumba.

Lo que hagas en los primeros minutos pesa tanto como lo que pase después en la clínica. Aquí están las señales, cómo enfriarlo bien, por qué tiene que verlo el veterinario aunque parezca recuperado y cómo es un verano sensato con un teckel.

Las señales del golpe de calor en perros, de menos a más

La temperatura normal de un perro ronda los 38-39 °C. A partir de 40,5 °C se habla de golpe de calor, y el daño en los órganos depende de cuánto tiempo pase así (Cornell). Por eso las primeras señales importan más que las últimas.

Al principio verás un jadeo intenso que no se calma a la sombra, babeo, inquietud, un perro que busca el suelo frío o que se para en seco y no quiere seguir. Si el calor continúa, llegan los vómitos, la diarrea, a veces con sangre, la debilidad, el tambaleo, la confusión y, al final, las convulsiones o el desplome.

Si llevas el termómetro del botiquín, mídele la temperatura, pero no retrases el enfriamiento por hacerlo. Con un perro jadeando sin parar después de calor o ejercicio, ya sabes lo suficiente para empezar.

Enfría primero, conduce después

El consejo de los veterinarios que más han estudiado el golpe de calor en perros cabe en cuatro palabras: enfría primero, conduce después. En un estudio de clínicas de Reino Unido, de los perros cuyo enfriamiento quedó anotado, solo uno de cada cinco llegó ya enfriado por sus dueños (Hall et al., 2023).

  1. Para todo y llévalo a la sombra o a un sitio fresco.
  2. Mójalo con agua fresca, la del grifo o la de una fuente, sobre todo la tripa, el cuello y entre las patas traseras.
  3. Haz que corra el aire: abanico, ventilador o el aire acondicionado del coche delante de él.
  4. Si está consciente, ofrécele agua para beber, sin obligarle.
  5. Llama a la clínica para avisar y ve, enfriándolo por el camino.

Agua fresca, no helada. No hace falta hielo ni esperar a que el agua se temple: la del grifo es la más rápida que tienes y la que mejor funciona. El consejo antiguo de usar agua «tibia» no tiene base, y el mismo estudio recoge que, en perros despiertos, el agua fresca, de unos 15 °C, es la que más deprisa les baja la temperatura.

Las toallas mojadas son lo que más se usa y, por lo que se sabe, de lo que menos rinde. Si es lo único que tienes, no lo dejes envuelto y quieto: vuelve a mojarlas a menudo y que les dé el aire, o mejor, agua directa sobre la piel y corriente de aire.

Por qué al veterinario aunque ya parezca él

Este es el paso que más gente se salta, porque el perro se recupera a la vista. Se levanta, bebe, mueve el rabo. Pero el calor alto mantenido daña por dentro, y lo que más se ve después de un golpe de calor es el riñón dañado, los problemas de coagulación y el shock (Cornell), cosas que desde fuera no se notan hasta que están avanzadas.

No es una exageración de prudencia. En Reino Unido, el 14 % de los perros atendidos por golpe de calor en 2016 murió (Hall et al., 2020). Y los que lo superan tienen más riesgo de sufrir otro, así que el verano siguiente empieza con más cuidado.

Cuánto dura la recuperación y qué controles hacen falta lo decide el veterinario según cómo llegue tu perro. Los días siguientes, vuelve a llamar si orina poco o nada, ves sangre en la orina o en las heces, le aparecen puntitos o moratones en las encías o en la tripa, o se queda apagado.

No hace falta un coche: dónde se calienta un teckel

El coche al sol es el ejemplo de manual, y nunca hay que dejar a un perro dentro, ni con las ventanillas bajadas ni «solo un momento». Pero no es donde más golpes de calor se producen. En otro estudio de Reino Unido, tres de cada cuatro casos llegaron por ejercicio, uno de cada ocho por el calor del ambiente y solo uno de cada veinte por quedarse encerrado en un vehículo (Hall et al., 2020, en Animals).

Los factores de riesgo que se repiten son el sobrepeso, la edad, las razas de hocico chato, los pelajes oscuros o densos y los problemas de corazón o de respiración. El teckel no es de hocico chato, pero cumple con facilidad algunos de los otros: engorda con facilidad, muchos son negro y fuego o jabalí, y un pelo duro que lleva meses sin stripping abriga más de lo que parece. Si le sobra algún kilo, aquí tienes un motivo más para la báscula, y lo tienes explicado en obesidad en el teckel.

Y hay dos cosas de la raza que conviene tener en la cabeza. Va con el cuerpo a un palmo del asfalto, que en julio sigue soltando calor a última hora de la tarde. Y no se para solo: un teckel detrás de un rastro o de un conejo no decide descansar porque haga calor, así que lo decides tú. Si es mayor o tiene algo de corazón, los cambios que no hay que dejar pasar están en perro mayor: qué cambios son urgentes.

Verano con un teckel: horas, suelo y agua

Los paseos largos, a primera hora de la mañana y a última de la noche. Al mediodía, salidas cortas para lo imprescindible, por la sombra. La humedad cuenta tanto como el termómetro: un día templado y pegajoso junto al mar puede ser peor que uno más caluroso pero seco.

Antes de salir, pon el dorso de la mano en el suelo durante unos segundos. Si no lo aguantas, sus almohadillas tampoco, y él va mucho más cerca del calor que tú. En verano, la carrera detrás de la pelota se acorta y el agua viaja siempre en la mochila, con un cuenco plegable, aunque sea para un paseo de veinte minutos.

En casa, que tenga un suelo fresco donde tumbarse y agua que no se quede al sol. Y los días de ola de calor, el ejercicio que necesita puede salir de juegos de olfato dentro de casa, que cansan sin calentarle; cuánto ejercicio necesita un teckel y cómo repartirlo lo tienes en el ejercicio del teckel.

Esto sale de las guías y los estudios más recientes sobre el golpe de calor, no de una consulta: no soy veterinaria. Si tu teckel jadea sin parar, vomita, se tambalea o se desploma después de calor o ejercicio, empieza a enfriarlo ya y llama a la clínica de camino. Y aunque al llegar parezca el de siempre, que lo vean igualmente.

Para el resto del verano:
– Las otras urgencias en las que se coge el coche
– El botiquín de casa, con el termómetro incluido
– Toda la salud del teckel

Fuentes consultadas

Cornell University College of Veterinary Medicine, Riney Canine Health Center. «Heatstroke: a medical emergency». vet.cornell.edu
Hall, E. J., Carter, A. J., Bradbury, J., Beard, S., Gilbert, S., Barfield, D. y O’Neill, D. G. (2023). «Cooling Methods Used to Manage Heat-Related Illness in Dogs Presented to Primary Care Veterinary Practices during 2016-2018 in the UK». Veterinary Sciences, 10(7), 465. doi:10.3390/vetsci10070465
Hall, E. J., Carter, A. J. y O’Neill, D. G. (2020). «Incidence and risk factors for heat-related illness (heatstroke) in UK dogs under primary veterinary care in 2016». Scientific Reports, 10:9128. doi:10.1038/s41598-020-66015-8
Hall, E. J., Carter, A. J. y O’Neill, D. G. (2020). «Dogs don’t die just in hot cars: exertional heat-related illness (heatstroke) is a greater threat to UK dogs». Animals, 10(8), 1324. doi:10.3390/ani10081324
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).

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