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Mi teckel me rescata en el mar aunque no me esté ahogando

Cualquier día de playa en verano, en cuanto alguien se mete en el agua más de la cuenta.

Vivimos en Barcelona, entre la montaña y la playa, y en esta ciudad el mar está siempre a mano. A Trufa el agua le encanta. Cuanto más le huele a algo, mejor, y al mar entra con una convicción que sus patas no siempre acompañan.

Desde la primera vez que la llevé a la playa nada con chaleco flotador. Me lo dijeron enseguida y tenía toda la lógica: un cuerpo tan largo cuesta mucho mantener a flote con unas patas tan cortas, y en mar abierto ese esfuerzo se convierte en problema muy rápido.

Lo que yo no sabía entonces era para qué iba a usar ella ese chaleco.

Una teckel socorrista con un solo protocolo

Trufa tiene una regla para el mar y no admite excepciones: cualquier persona que se adentra más allá de donde ella hace pie se está ahogando. Da igual que nades bien, que solo quieras refrescarte o que el agua te llegue por la cintura. Si te alejas de la orilla, eres un caso.

Y el protocolo de rescate es siempre el mismo. Nada hacia ti con cara de urgencia, como en Los vigilantes de la playa pero sin cámara lenta y con chaleco flotador, te alcanza, se agarra con las patas delanteras donde puede para hacer palanca y empieza a tirar de ti hacia la arena.

Que tú no quieras volver no entra en el cálculo. Las uñas tampoco, y el rescate se paga en arañazos, que corren de cuenta de la persona rescatada.

Para ella, que una persona flote tranquila a unos metros de la orilla es un fail de seguridad, y lo resuelve como puede. Con el chaleco, al menos, la que nada protegida durante la operación es ella, que suele ser la que se aleja más de lo prudente por ir a buscar a gente que no lo necesita.

Después del rescate, agua dulce

El final del día también tiene su rutina: agua dulce para quitarle la sal del pelo y las orejas bien secas, que unas orejas caídas guardan la humedad como nadie. Ella se deja hacer con paciencia limitada, y yo aprovecho para contarme los arañazos.

En casa hay gente que nada mucho mejor que ella y que, aun así, ha vuelto a la orilla remolcada por una teckel con chaleco. Nadie se lo ha pedido nunca, y ninguna de esas personas ha conseguido quedarse lejos de la arena más de lo que Trufa considera razonable.

La versión de Trufa: Tú verás. Si te alejas sin pedir permiso, te saco a mi manera, y los arañazos van incluidos en el servicio.

Antes de la próxima tarde de playa:
– Agua dulce y orejas secas: cómo cuidar ojos y oídos del teckel
– Lo que necesita un teckel para salir de paseo con seguridad

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