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Mina, la Trufa buena: cuando tu teckel tiene una doble mejor educada

En el parque, cualquier día en que coinciden Trufa y Mina y alguien las mira juntas.

Mina es una teckel de pelo duro, tamaño estándar, color jabalí y de la misma quinta que Trufa. De lejos, son la misma perra dos veces. De cerca, también, salvo que Mina es algo más corpulenta, como si alguien hubiera sacado una segunda tirada del mismo molde con un poco más de masa.

Y en cuanto las ven juntas, el apodo sale solo. La más tranquila de las dos es la Trufa buena. La otra, por descarte, es la mía.

Lo que el parque entiende por buena

Hay motivos, no voy a mentir. Mina es más dócil y tiene mejor carácter: se deja hacer, no discute y no convierte cada paseo en una negociación colectiva. Trufa persigue conejos con una dedicación de opositora en junio y tiene una opinión formada sobre casi todo lo que se mueve.

Puestas una al lado de la otra, el concurso de buena conducta está decidido antes de empezar. Spoiler: no gana la mía.

El apodo, sin embargo, deja algo fuera. Mina se relaciona bastante menos con otros perros. Trufa tiene su círculo en el parque y, con Lua, la teckel de pelo corto, juega de verdad, con carreras y cabezazos incluidos. Así que la Trufa buena es también la que menos le pide al parque. Ser buena, visto desde el banco, se parece mucho a no molestar.

En defensa de la que tira de la correa

El apodo tiene su lógica, eso no lo discuto. Nadie se fija en la perra que se queda quieta; todos se fijan en la que acaba de detectar algo entre los arbustos y ha decidido que ese algo le pertenece.

Pero si me dieran a elegir, me quedaría con la mía. Trufa es la que me obliga a llevar la correa bien sujeta, la que tiene amistades con nombre propio y la que me ha enseñado más sobre esta raza que todos los libros juntos.

Mina no tiene ninguna culpa: es una perra tranquila con la mala suerte de parecerse muchísimo a otra que no lo es.

Y la diferencia de cuerpo entre las dos tiene su propia historia, que está en la guía del peso. Aquí solo importa la otra diferencia, la que no se ve en una foto.

Buena, al final, es la que no te obliga a dar explicaciones. Trufa me obliga cada día, y ya no sabría pasear sin ese trámite.

La versión de Trufa: ¿La buena? A ver, Mina no ha perseguido un conejo en su vida. Eso no es ser buena, es no tener aficiones.

Si te has quedado con ganas de parque:
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