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Pienso, BARF o comida casera: qué le conviene a tu teckel

Siempre hay alguien que ha pasado a su perro a BARF y te lo cuenta con el brillo de quien acaba de dejar el azúcar: el pelo, las cacas, la energía. Tú vuelves a casa, miras el saco de pienso y te sientes un poco culpable. La duda entre pienso, BARF o comida casera la tiene casi todo el mundo que se toma en serio lo que come su teckel.

La respuesta honesta no está en la ideología de cada bando, sino en dos preguntas aburridas: si la dieta es completa y si es segura en tu casa. Con esas dos, la comparación se aclara bastante.

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Lo que se compara de verdad: si la dieta es completa

Las tres opciones pueden alimentar bien a un perro y las tres pueden hacerlo mal. Lo que las separa es quién se encarga de que la ración lleve todo lo que necesita, en la proporción correcta, cada día.

Un pienso que en la etiqueta dice alimento completo está obligado por la normativa europea a cubrir por sí solo las necesidades diarias del perro. El BARF (de Bones and Raw Food, huesos y comida cruda) es carne, vísceras y huesos crudos con algo de verdura, comprado ya preparado o montado en casa. La comida casera cocinada es lo que su nombre dice: arroz, carne, verdura y lo que la receta indique, hecho en tu cocina.

En los dos últimos casos, el equilibrio depende de la receta y de que se siga al gramo. En el primero, depende de la fábrica y de que tú sepas leer la etiqueta, que es la parte que explico en cómo elegir el mejor pienso para teckel.

BARF: lo que está demostrado y lo que se promete

La lista de beneficios que se atribuyen al BARF es larga: mejor pelo, menos picores, dientes más limpios, más energía, heces pequeñas y sin olor. Una revisión de la evidencia encontró pruebas de dos cosas, cambios en la flora intestinal y heces de mejor aspecto, y ninguna prueba sólida del resto (Davies et al., 2019). Que algo no esté demostrado no quiere decir que sea falso, pero sí que no conviene pagarlo con riesgos.

Y los riesgos sí están medidos. Un análisis de 35 menús crudos congelados de ocho marcas comerciales encontró Listeria monocytogenes en más de la mitad, Salmonella en uno de cada cinco y bacterias E. coli resistentes a antibióticos importantes en el 80 % (van Bree et al., 2018). Varios llevaban también parásitos como Toxoplasma. Y era producto comercial; el que se prepara en casa depende solo de tu cocina.

El perro muchas veces no enferma, pero puede expulsar esas bacterias en las heces y en la saliva. Por eso el riesgo del crudo es sobre todo para las personas de casa: niños pequeños, embarazadas, personas mayores o con las defensas bajas. Las criadoras británicas lo desaconsejan en casas con niños por ese motivo, y avisan de otro riesgo concreto: los huesos grandes y duros rompen dientes.

Si aun así lo eliges, que sea un menú comercial que diga que es completo, congelado y descongelado en la nevera. Superficies, cuencos y manos se lavan cada vez, y lo que no se come en un rato se retira. Y díselo a tu veterinario, porque cambia lo que conviene vigilar y cómo plantear la desparasitación.

Comida casera: el problema es la receta, no la cocina

Cocinar para tu perro tiene algo muy razonable: sabes lo que lleva y no hay crudo. El riesgo está en otra parte. En un estudio que analizó 200 recetas caseras para perros, sacadas de libros y webs, algunas escritas por veterinarios, el 95 % se quedaba corta en al menos un nutriente esencial y solo nueve cubrían todos los mínimos (Stockman et al., 2013).

Los que más faltaban eran la colina, la vitamina D, el zinc y la vitamina E; y casi todas las recetas daban instrucciones tan vagas que cada dueño acababa haciendo su propia versión. Variar entre varias recetas no lo arregla, porque suelen fallar en lo mismo. El calcio merece mención aparte: la carne sin hueso apenas tiene, y una dieta casera sin un suplemento pensado para eso se queda corta.

La comida casera bien hecha existe, pero tiene un nombre concreto: una receta formulada por un veterinario especialista en nutrición para tu perro, con cantidades en gramos y el corrector de vitaminas y minerales que indique. Una receta de internet, por buena pinta que tenga, no es eso.

El pienso, con sus límites

El pienso completo tiene una ventaja que en un teckel pesa mucho: se mide. Sabes cuántas calorías lleva cada gramo, puedes pesar la ración y ajustarla cuando le sobra cintura, que en una raza con esa espalda no es un detalle. Las cuentas están en cuánto debe comer un teckel al día.

Sus límites son igual de reales. No todos los piensos son iguales, y entre uno con la carne nombrada en primer lugar y otro con «subproductos animales» hay mucha distancia; los tres números que conviene mirar en la etiqueta están en la guía de piensos. Y hay teckels que se aburren del seco, sobre todo en verano: a Trufa le pasa, y entonces come latas.

Trufa come pienso. Pasó a los de pescado por consejo del veterinario, después de un pienso de carne que le daba picores, y ahora toma uno de salmón que le encanta y cuyo olor detesto con toda mi alma.

Taste of the Wild Pacific Stream (salmón), 12,2 kg

El salmón abre la lista de ingredientes, y los hidratos vienen de boniato, patata y legumbres en lugar de cereales. Es el que come Trufa ahora, y le encanta.

Para quién sí: adultos de tamaño estándar, sobre todo si el veterinario ha propuesto pasar a pescado por picores.

Para quién no: cachorros y teckels miniatura, mejor con una croqueta más pequeña. Contras: huele a pescado con ganas, y al ser sin cereales con legumbres conviene mencionarlo en la revisión anual, por lo que cuento en la guía de piensos.

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Entre el saco y la cocina hay término medio. Añadir comida húmeda o un poco de comida fresca cocinada encima del pienso da sabor y variedad sin romper el equilibrio, siempre que lo extra no pase de una décima parte de lo que come al día y lo restes de la ración. Qué latas tienen sentido está en comida húmeda para teckel.

Pienso, BARF o comida casera: tabla y veredicto para un teckel

Puesto en una tabla, con lo que importa en un perro pequeño de espalda larga:

Pienso completo BARF Casera cocinada
¿Completa? Sí, si la etiqueta dice «completo» Solo si es comercial completo o receta formulada Solo con receta de nutricionista veterinario
Riesgo de bacterias Bajo Alto, también para la familia Bajo
Control de calorías Fácil: se pesa Difícil Posible si pesas todo
Tiempo Ninguno Mucho, más la higiene Mucho
Tiene sentido si… Casi siempre Adulto sano, casa sin personas vulnerables, mucha disciplina Hay un motivo médico o el perro no come otra cosa

Mi veredicto para la mayoría de teckels es un buen pienso completo, bien elegido y bien pesado, con algo de comida húmeda si hace falta animarlo. La casera, cuando hay un motivo y una receta hecha por quien sabe. El BARF no lo pondría en una casa con niños pequeños, embarazadas o personas mayores, ni en un cachorro en pleno crecimiento, donde un desequilibrio de calcio y fósforo se paga en los huesos.

No es una cuestión de qué opción quiere más a su perro. Es una cuestión de cuál puedes hacer bien todos los días durante quince años.

Si cambias de dieta, diez días y la báscula a mano

Cualquier cambio de comida se hace poco a poco, durante unos diez días, mezclando cada día un poco más de lo nuevo con lo de siempre. Recalcula la ración, porque las calorías por gramo cambian mucho de una opción a otra, y pésalo cada semana durante el primer mes; el peso ideal del teckel te enseña a mirarlo también con las manos.

Unas heces más blandas los primeros días entran dentro de lo esperable. Lo que no entra es esto:

Si después del cambio vomita varias veces en un día, tiene diarrea con sangre o no retiene el agua, llama al veterinario hoy. Si la diarrea no mejora claramente en 24 horas, cita ese mismo día; en un perro pequeño, la deshidratación llega antes.

Las demás señales digestivas, con sus plazos, están en vómitos y diarrea: cuándo ir al veterinario. Y si lo que buscas es una explicación de cómo come un teckel en general, empieza por la alimentación del teckel.

Para elegir con la etiqueta en la mano:
– Los piensos que pasan el filtro, y los que no
– La ración en gramos, según edad y tamaño

Fuentes consultadas

Davies, R. H., Lawes, J. R. y Wales, A. D. (2019). «Raw diets for dogs and cats: a review, with particular reference to microbiological hazards». Journal of Small Animal Practice, 60(6), 329-339. doi:10.1111/jsap.13000
van Bree, F. P. J., Bokken, G. C. A. M., Mineur, R., Franssen, F., Opsteegh, M., van der Giessen, J. W. B., Lipman, L. J. A. y Overgaauw, P. A. M. (2018). «Zoonotic bacteria and parasites found in raw meat-based diets for cats and dogs». Veterinary Record, 182(2), 50. doi:10.1136/vr.104535
Stockman, J., Fascetti, A. J., Kass, P. H. y Larsen, J. A. (2013). «Evaluation of recipes of home-prepared maintenance diets for dogs». Journal of the American Veterinary Medical Association, 242(11), 1500-1505. doi:10.2460/javma.242.11.1500. Cifras del resumen de prensa de UC Davis (julio de 2013).
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Reglamento (CE) n.º 767/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre la comercialización y la utilización de los piensos (definiciones de pienso completo y pienso complementario).
World Small Animal Veterinary Association (2024). Feeding treats to your dog (v2). WSAVA. wsava.org

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