Lo encuentras como se encuentran estas cosas: sin zapatillas, a las siete de la mañana y en la alfombra que más te costó. Y lo primero que piensas, aunque no lo digas en voz alta, es que lo ha hecho a propósito. Si tu teckel hace pis en casa, sea un cachorro de diez semanas o un adulto que llevaba meses sin un despiste, la buena noticia es que casi nunca hay venganza detrás. La mala es que regañarle tampoco lo va a arreglar.
Detrás de un charco caben historias muy distintas: el cachorro que aún no ha aprendido, el adulto que marca y el perro al que le pasa algo, en el cuerpo o en la cabeza. Cada una se arregla de una manera, y mezclarlas es la forma más rápida de pasarte meses fregando.
Mira la postura antes de mirar el charco
Agachado y vaciando la vejiga es un pis de necesidad. Con la pata levantada, poca cantidad y contra algo vertical, como la pata de una silla, la esquina del sofá o la cortina, suele ser marcaje. Es un depósito voluntario de orina que funciona como mensaje para otros perros, mucho más frecuente en machos sin castrar y en hembras en celo. Por eso el marcaje tiene poco que ver con no saber dónde se hace.
Fíjate también en cuándo pasa. Hay varios perfiles de perro sano que se lo hace dentro: el que fuera va tan distraído que se aguanta y lo suelta al llegar a la calma de casa, el que vivió en una perrera y tuvo que hacérselo donde dormía, el miedoso que se orina por estrés y el mayor con deterioro cognitivo. Y si solo ocurre cuando se queda solo, aunque en tu presencia no falle nunca, piensa en la ansiedad por separación antes que en la educación.
Llama al veterinario hoy si ves sangre en la orina, si se pone a hacer pis una y otra vez y solo salen gotas, o si se queja al orinar. Si hace fuerza y no sale nada, no esperes a mañana: ve ya. Y pide cita esta semana si un adulto que no fallaba empieza a tener escapes o si de pronto bebe mucha más agua y pide salir más a menudo. Una infección de orina, una incontinencia o un problema hormonal se parecen mucho, vistos desde la alfombra, a un perro maleducado.
En un teckel hay una causa más que conviene tener presente. La hernia discal figura entre los problemas físicos que provocan incontinencia, así que si los escapes llegan a la vez que torpeza en las patas traseras o una espalda encogida, eso es urgencia, no un fallo de educación. Las señales, en la guía de IVDD en el teckel.
El cachorro aprende al ritmo de su vejiga, no al tuyo
Un cachorro no puede aguantarse antes de tener con qué. El control llega entre los dos y los cuatro meses, y a partir de ahí puede retener de seis a ocho horas mientras duerme, pero solo de dos a cuatro cuando está activo. Antes, hace pis más o menos cada hora durante el día. La cuenta orientativa según la edad está en la guía del cachorro de teckel.
El método es tan sencillo como pesado: sacarlo antes de que lo necesite. Al despertarse, después de comer, de beber y de jugar, cuando se pone nervioso y lo último antes de dormir, más una salida cada hora o dos aunque no lo pida. Siempre al mismo sitio, con tiempo para que olfatee, y premio allí mismo en cuanto termine.
Y un detalle que importa: el premio se da fuera y en el momento, no al volver a casa, cuando ya no sabe qué le estás pagando.
Vigílalo de cerca las primeras semanas y aprende sus avisos: olfatear el suelo con intención, dar vueltas sobre sí mismo, gemir o dirigirse a un rincón. Limítale el espacio al principio y ábrele la casa poco a poco, porque un cachorro con todo el piso a su alcance encuentra siempre la esquina donde nadie mira. Si lo pillas en plena faena, un sonido breve para interrumpir, sin gritos, y fuera con él a terminar donde toca.
Sé realista con los plazos. Aprender a hacerlo fuera no es el punto fuerte del teckel, un sabueso con agenda propia, y puede llevar unas semanas o hasta seis meses si nadie está encima. El factor que más pesa no es el perro: eres tú.
Los periódicos le enseñan justo lo contrario
El clásico de enseñar al cachorro a hacerlo sobre periódicos dentro de casa está anticuado, y por una razón: le acostumbra a tener un baño dentro, y luego cuesta mucho que lo olvide. El papel empapa el suelo de olor, y para un perro ese olor significa que ahí se puede.
Si vives en un piso alto, pasas muchas horas fuera o tu cachorro aún no puede salir a la calle por el calendario de vacunas, a veces hace falta un plan dentro. En ese caso conviene poner un plástico debajo para que el suelo no se impregne, o una bandeja de bordes bajos con arena o papel, y asumir que el aprendizaje dentro de casa suele ir más lento. Úsalo como puente, con la idea de retirarlo, y no como solución para siempre.
Limpia para su nariz, no para la tuya
Un perro no busca el baño con los ojos. Nosotros buscamos el cartel de los servicios y ellos pegan el hocico al suelo hasta encontrarlo por el olor. Un rastro de pis mal limpiado en la alfombra es, para tu teckel, un cartel luminoso.
Por eso la limpieza es la mitad del tratamiento. Lo mejor es un producto específico de los que venden en las clínicas o una solución caliente de detergente de lavadora, y conviene olvidarse del amoniaco. Con un macho que marca siempre en los mismos rincones de un salón, uno de los motivos puede ser justo ese limpiador: el amoniaco, junto con los restos que quedan en el suelo, huele a un perro casi como la orina y le invita a repetir.
Para los rincones reincidentes hay un truco. Muchos perros consideran «casa» solo las habitaciones donde la familia hace vida, y por eso eligen el cuarto de invitados o el pasillo del fondo. Una vez limpio, siéntate un rato cada día en ese sitio con tu teckel, a leer o a no hacer nada; al cabo de unos días huele a salón y deja de parecer un baño.
La cara de culpa no significa lo que crees
Llegas, ves el charco y tu teckel ya tiene las orejas pegadas y la mirada de reo. Parece que sabe lo que ha hecho. La explicación es otra: el perro se esconde porque ha aprendido que esa cara tuya trae gritos, y adopta una postura de apaciguamiento para que te calmes. Para que relacionara la regañina con el pis, tendría que llegar en el instante exacto en que lo está haciendo.
Regañar después tiene además un efecto secundario. Un teckel castigado por sus accidentes no aprende a hacerlo fuera, sino a no hacerlo delante de ti, y empieza a buscar el hueco de detrás del sofá o de debajo de la cama. Nada de gritos ni de restregarle el hocico: limpia sin comentarios y aumenta las salidas.
Cuando un teckel hace pis en casa con la pata levantada
Si tu teckel ya sabía hacerlo fuera, aparecen marcas en esquinas y patas de muebles y el veterinario ha descartado una causa médica, lo más probable es el marcaje. Es más habitual en machos y cuesta mucho corregirlo, aunque el perro entienda perfectamente dónde se hace pis. Además se dispara con la presencia de otro perro al que ve como rival o con una perra en celo cerca.
Aquí la educación llega hasta donde llega, porque el marcaje depende sobre todo de las hormonas. La castración lo reduce, pero alrededor de un 20 % de los machos sigue marcando después y ningún tratamiento funciona al cien por cien. Castrar a un teckel tiene otras implicaciones que conviene hablar con el veterinario, y algo de eso se cuenta en macho o hembra. Mientras tanto, limpieza a fondo de cada marca, vigilancia en las zonas favoritas y premio cuando marca fuera, donde le corresponde.
Un charco en el pasillo no te dice que tu teckel sea rencoroso ni torpe. Te dice que hay algo que aún no le has explicado, algo que le molesta o alguien en el rellano que huele demasiado interesante. Averigua cuál de las tres antes de comprar otra fregona.
Más sobre convivir con un teckel:
– La fase piraña del cachorro, y cómo salir de ella
– Qué esperar de la primera semana en casa
– Todos los problemas de conducta, ordenados
Fuentes consultadas
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
McConnell, P. B. Al otro extremo de la correa.
Hernández, P. Un perro en el diván.