A Trufa le doy las pastillas dentro de un quesito, y casi siempre funciona. El «casi» es lo interesante: hay días en que mastica con calma, se traga el queso y deja la pastilla en el suelo, intacta, con una cara de no haber roto un plato que ya quisiera un jugador de póquer. Tiene un olfato finísimo, y una pastilla escondida, por bien envuelta que vaya, la detecta.
Si estás aquí, probablemente tienes una caja de antibiótico para diez días, dos tomas diarias y un teckel que ya te ve venir. Darle una pastilla a tu teckel no debería convertirse en una pelea cada doce horas, y casi nunca hace falta: con el bocado adecuado, una técnica manual sencilla y tres preguntas hechas a tiempo en la consulta, se resuelve. Lo que sí conviene es saber qué no se puede hacer con un medicamento, porque ahí el ingenio casero sale caro.
Tres preguntas para la consulta antes de la primera dosis
La mayoría de los fallos empiezan en el mostrador de la clínica, cuando te dan la caja y te vas sin preguntar. Antes de salir, o por teléfono esa misma tarde, aclara tres cosas:
¿Con comida o en ayunas?
Hay medicamentos que se pueden esconder en un bocado y otros que funcionan mejor con el estómago vacío; el veterinario te dirá cuál es el tuyo y si un premio pequeño para ayudar a tragarla es aceptable. Algunos antibióticos, además, no se llevan bien con los lácteos, así que pregunta también si el queso vale.
¿Se puede partir, triturar o abrir?
Lo explico más abajo, pero la respuesta no se adivina mirando la pastilla.
¿Qué hago si la escupe o la vomita?
La respuesta depende del fármaco, y es mucho más fácil tenerla apuntada que buscarla a las once de la noche con la pastilla babeada en la mano.
El truco de los tres bocados para una nariz que lo detecta todo
Esconderla en comida es la primera opción, porque evita meterle los dedos en la boca. La idea es que el bocado con la pastilla sea uno más en una serie rápida, no el único y sospechoso. Prepara tres bolitas del tamaño justo para tapar la pastilla: un poco de quesito, de su comida húmeda o de pavo cocido sin sal. Dale la primera vacía, la segunda con la pastilla y la tercera enseguida, antes de que tenga tiempo de analizar la segunda. El bocado vacío del principio es el que hace el trabajo: le confirma que ahí no hay trampa.
Si la pastilla se queda en el bocado y el bocado se mastica, la cubierta empieza a deshacerse y el sabor amargo hace que el siguiente intento sea más difícil. Por eso la bolita debe ser pequeña, para que la trague y no la mastique. Prepara primero las bolitas sin pastilla y mete la pastilla al final: así el olor del medicamento no pasa a las otras dos. Y dáselas con la mano, mirando, para saber que se la ha tragado.
Lo que no funciona con un teckel es mezclarla con el pienso del comedero. Un perro con buen olfato se come todo alrededor y deja la pastilla en el fondo, o directamente deja la comida. Ojo también con la crema de cacahuete: solo sirve si no lleva xilitol, un edulcorante que en perros es tóxico incluso en poca cantidad. Mira la etiqueta antes de abrir el bote.
Un detalle de calorías: el quesito de cada toma también cuenta en el cupo del día. La referencia general es que los premios no pasen del 10 % de las calorías diarias (WSAVA, 2024), y con tres bocados por toma, dos tomas al día y diez días de tratamiento salen sesenta bocados extra. Por eso cada bolita debe tapar la pastilla y nada más; las cuentas completas están en la guía de chuches para teckel.
Si el queso ya no le engaña, existe la pasta para pastillas: una masa blanda y muy olorosa que se moldea alrededor del comprimido, o premios con un hueco para meterlo dentro. Funciona con la misma lógica de los tres bocados, y la regla del veterinario sigue valiendo: pregunta si tu medicamento se puede dar con comida antes de comprarla.
Darle una pastilla a tu teckel con la mano, sin pelea
Cuando la comida falla, o el veterinario te pide que la tome en ayunas, toca dársela directamente. Asusta más de lo que es. Hazlo con él en el suelo o sentado a tu lado en el sofá, con el cuerpo apoyado, nunca en el aire: un teckel sujeto en brazos y retorciéndose es una espalda larga en mala postura. Ten la pastilla preparada antes de llamarlo.
- Sujeta la mandíbula de arriba con la mano que no usas, por encima del hocico, con el pulgar a un lado y los dedos al otro, justo detrás de los colmillos.
- Inclina con suavidad la cabeza hacia atrás, con la nariz mirando al techo: la mandíbula de abajo suele aflojarse sola.
- Con la pastilla entre el pulgar y el índice de la otra mano, baja la mandíbula inferior apoyando el dedo corazón en los dientes pequeños de delante, no en los colmillos.
- Deja caer la pastilla lo más atrás posible sobre la lengua, cierra la boca y mantenla cerrada unos segundos con la cabeza ya en posición normal.
- Acaríciale la garganta o sóplale suave en la nariz. Si se relame la nariz, suele ser buena señal: casi seguro que la ha tragado.
- Premio inmediato, aunque haya protestado.
Rapidez y calma valen más que fuerza. Si no metes la pastilla lo bastante atrás, la escupirá, y es mejor repetir con decisión que dejar los dedos dentro de la boca mucho rato: así es como se cuela un mordisco sin querer. Hay medicamentos que conviene acompañar con un poco de agua o de comida para que no se queden a medio camino; pregunta si es el caso del tuyo. Si te da reparo meter los dedos, en las farmacias y tiendas venden aplicadores de pastillas, una especie de jeringa que deja el comprimido al fondo de la boca.
Partirla, triturarla o abrir la cápsula: solo con permiso
Triturar la pastilla y mezclarla con la comida parece la solución obvia, y a veces lo es. Otras veces estropea el tratamiento. Hay medicamentos que tienen que tragarse enteros: los que llevan una cubierta que protege el estómago o el propio fármaco, y los de liberación prolongada, que están hechos para soltarse poco a poco y, triturados, lo sueltan todo de golpe. Otros pierden eficacia si se disuelven en líquido. Nada de eso se ve a simple vista.
Partir también tiene su ciencia. Cuando el veterinario pauta media pastilla o un cuarto, un cortapastillas da trozos más iguales que un cuchillo, y si la pastilla no tiene ranura, pregunta si se puede dividir. Con algunos fármacos, como los corticoides, puede que te pidan usar guantes al manipularlos.
Y si tu teckel se resiste con todo, dilo en la consulta. Muchos medicamentos existen en jarabe o en comprimido con sabor, y hay farmacias que preparan fórmulas a medida. Cambiar de formato es mucho mejor que pasar dos semanas peleando.
Si vas a tener que medicarlo a menudo, un cortapastillas y una jeringa sin aguja para jarabes merecen un hueco en el botiquín básico del teckel.
Cómo darle una pastilla a un perro que la escupe (y ya te ve venir)
El perro que escupe la pastilla suele ser también el que desaparece debajo de la mesa cuando oye el blíster. Contra eso, entrenar ayuda más que insistir. En sesiones cortas, sin pastilla de por medio, acostúmbrale a que tocarle el hocico, levantarle el labio o abrirle la boca un segundo trae un premio. Primero solo apoyar la mano, luego un masaje en la mandíbula de arriba, luego meterle una chuche dentro de la boca. Si le pones una palabra a ese ratito, la palabra acabará anunciando algo bueno y no una emboscada.
Cuando ya la ha escupido, recógela y repite con calma, sin perseguirle por el pasillo. Revisa el suelo, la cama y los rincones del sofá: hay perros que la guardan en la boca y la sueltan lejos. Si se ha deshecho, no le des otra entera sin preguntar, porque no sabes cuánto ha tragado.
Y si cuando te acercas con la pastilla gruñe, enseña los dientes o intenta morder, para. Eso ya no se arregla con técnica: cuéntaselo al veterinario, que mirará si le duele algo en la boca y te propondrá otra forma de darle el tratamiento o la ayuda de una educadora canina.
Vómitos, dosis olvidadas y pastillas ajenas: cuándo llamar
La duda más habitual llega después: la ha vomitado, o te has dado cuenta a medianoche de que la de la mañana sigue en la caja. No le des una dosis doble por tu cuenta, ni para compensar ni «por si acaso»: llama y pregunta qué hacer con ese medicamento en concreto. Con algunos tratamientos, saltarse una toma no es un detalle. En la epilepsia, por ejemplo, la medicación se da siempre a la misma hora, porque una dosis perdida puede bajar el nivel del fármaco en sangre lo bastante como para provocar una crisis; lo tienes en la guía de la epilepsia en el teckel.
Cuándo llamar al veterinario
Ahora: si se ha comido una pastilla que no era suya, tuya o de otro perro, o más dosis de las pautadas. Llama aunque esté bien: con muchos fármacos los síntomas tardan en aparecer.
Hoy: si vomita la pastilla, o vomita poco después de tomarla, antes de darle otra. También si no hay manera de que tome un medicamento que no se puede saltar, como el de la epilepsia o el del corazón. Y si vomita varias veces, está decaído o tiene diarrea desde que empezó el tratamiento.
Antes de la siguiente toma: si te has olvidado una dosis, para saber si se recupera o se salta.
Un teckel atento a todo lo que cae al suelo es un peligro con tus propias medicinas. Las pastillas de casa, en un armario alto y fuera de su alcance, y las tuyas, mejor tomadas sin él debajo de los pies: si se te cae una, llegará antes que tú. Y nunca le des un medicamento de personas sin que lo diga el veterinario, por muy parecida que sea la dolencia. Si dudas de la prisa de cualquier otra cosa, la guía de cuándo llamar al veterinario lo ordena por plazos.
Darle una pastilla a un teckel con buen olfato tiene más de negociación que de técnica. Él hace su parte, que es sospechar de todo, y a ti te toca la tuya: el bocado vacío primero, la mano rápida y la pregunta hecha antes de salir de la consulta. Trufa sigue apartando la pastilla de vez en cuando. Yo sigo teniendo quesitos.
Para seguir con el botiquín en orden:
– Qué síntomas pueden esperar y cuáles no, ordenados por plazos
– Lo que conviene tener en casa antes de necesitarlo
– Todo sobre la salud del teckel, por dónde empezar
Fuentes consultadas
Veterinary Teaching Hospital, Washington State University (2022). «Giving oral medications to your dog». hospital.vetmed.wsu.edu
Dogs Trust. «How to give your dog tablets». dogstrust.org.uk
World Small Animal Veterinary Association (2024). Feeding treats to your dog (v2). WSAVA. wsava.org
Cortinovis, C. y Caloni, F. (2016). «Household Food Items Toxic to Dogs and Cats». Frontiers in Veterinary Science, 3, 26. doi:10.3389/fvets.2016.00026
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Dachshund: A Smart Owner’s Guide. Kennel Club Books.