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Tu cachorro de teckel muerde: cómo pasar la fase piraña

Los dientes de leche de un cachorro tienen el filo de una aguja de coser, y un cachorro de teckel los usa con un entusiasmo que no corresponde a sus tres kilos. Tus manos, tus tobillos, los cordones y el bajo del pantalón pasan a ser la misma cosa: superficie mordible. Y en algún momento, con los antebrazos llenos de arañazos, te preguntas si has traído a casa un perro agresivo.

Casi seguro que no. Si tu cachorro de teckel muerde con pocos meses, está haciendo lo que toca a su edad, y la fase piraña tiene salida. Lo que decide cuánto dura, y qué perro adulto sale de ella, es lo que hagas tú en el segundo exacto del mordisco durante unas cuantas semanas, sin cansarte antes que él.

Morder es su forma de tocar el mundo (y aún no sabe medir)

Un cachorro explora con la boca igual que un bebé se lo lleva todo a la suya. Los mordisquitos y el juego brusco de un cachorro son juego, no agresividad. Lo que todavía no tiene es freno.

Ese freno se aprende jugando. En la camada, un cachorro muerde a un hermano en el cuello o en las orejas, el mordido grita y en el siguiente asalto se cambian los papeles; a base de mordiscos de ida y vuelta, cada uno aprende a controlar la fuerza. Tu cachorro llegó a casa a mitad de esa lección, y ahora el hermano que grita eres tú.

A eso se suman los dientes. Cuando empiezan a salir los definitivos, morder alivia: es una necesidad física del cachorro, no un capricho. Las ganas de morder no vas a quitárselas; lo que puedes decidir es dónde las descarga.

Por qué con un teckel conviene empezar pronto

El teckel muerde con la mandíbula de un perro de madriguera metida en un cuerpo que la gente, y sobre todo los niños, trata como un peluche. Lo que hace gracia en un cachorro puede hacer daño de verdad en un perro adolescente o adulto, y más aún a un niño. Por eso merece la pena empezar pronto, sin dramatismo.

Un perro que aprende de cachorro a medir la boca la sigue midiendo de adulto el día que alguien le pisa la cola o le toca una pata que le duele. A ese aprendizaje se le llama inhibición de la mordida, y es de lo más valioso que puedes regalarle en estos meses.

Cuando tu cachorro de teckel muerde: qué hacer en ese segundo

Cuando note los dientes en tu piel, deja la mano quieta, sin tirones, y ofrécele algo que sí pueda morder: un mordedor, una cuerda, un juguete de goma. Si cambia tu mano por el juguete, el juego sigue y se lo celebras. Si vuelve a tu mano, el juego se acaba: te levantas, te das la vuelta o sales de la habitación unos segundos. Es lo que suelen aconsejar las criadoras, y tiene una lógica que el cachorro pilla rápido: los dientes en la piel apagan la diversión.

El famoso «¡ay!» agudo tiene partidarios y detractores. A muchos dueños les funciona: la mayoría de los cachorros se apartan sorprendidos y hasta intentan lamerte, como quien pide perdón. Algunas criadoras advierten, en cambio, que en cachorros con mucho instinto de presa el chillido puede excitarlos más. Con un teckel, que de instinto de presa va servido, pruébalo un par de veces y observa: si se aparta, te sirve; si vuelve a por ti con más ganas, descártalo y pasa directamente a cortar el juego.

Hay gestos pequeños que ayudan mucho. No le ofrezcas los dedos para mordisquear, ni siquiera de broma. No juegues a pelearte con él usando las manos: las personas jugamos agarrando y los perros jugando con los dientes, y en ese juego el que tiene la boca afilada es él. Y no dejes que los niños corran por casa con el cachorro detrás, porque unos tobillos que huyen son una invitación difícil de rechazar.

Mordedores y juguetes rellenables que aguanten una mandíbula de teckel: qué mirar en cada uno antes de comprarlo está en la guía de juego y olfato.

El cachorro que más muerde es el que necesita una siesta

Si tu cachorro pasa de jugar a morder como si le hubieran cambiado las pilas, mira la hora. La sobreexcitación es uno de los grandes disparadores de los mordiscos, y a menudo es la forma que tiene un cachorro agotado de decir que no puede más. No esperes a que la cosa suba: antes de que se desmadre, llévalo a su cama o a su parque con algo para mordisquear.

No es un castigo, es una siesta con aviso. Un cachorro de teckel necesita dormir muchísimo, como cuenta la guía del cachorro de teckel, y uno que encadena visitas, juegos y paseos sin descanso muerde más, no menos. Muchas veces el modo piraña de las ocho de la tarde se arregla antes con una rutina de descansos que con cualquier técnica.

Sujetarle el hocico, el pulverizador y otras soluciones que salen caras

En los libros sobre la raza aparecen métodos más duros: sujetarle la boca cerrada unos segundos, rociarlo con agua o gritar «¡no!» con todas tus fuerzas. Algunas criadoras con décadas de oficio los usan. Yo no los recomiendo con un teckel, y aquí hablo por criterio propio más que por un dato: es una raza más sensible de lo que aparenta, y una mano que aprieta el hocico es una mano que el cachorro aprende a vigilar.

Lo último que quieres, en un perro al que vas a revisar orejas, dientes y uñas toda su vida, es que asocie tus manos cerca de su cara con algo desagradable. Tampoco ayuda encerrarlo como represalia: la cama o el parque funcionan como pausa precisamente porque son un sitio agradable, y si los conviertes en celda pierdes la herramienta.

Señales de que ya no hablamos de una fase

La mayoría de los cachorros van suavizando la boca a medida que crecen. Hay señales, sin embargo, que no encajan con el juego: que se quede rígido y te mire fijo antes de morder, que gruña y muerda cuando te acercas a su comida, a un juguete o a su cama, que muerda al cogerlo o al tocarle una zona concreta, o que con el paso de los meses no veas ninguna mejoría.

Si ves algo así, primero el veterinario, porque un perro que muerde cuando lo tocas puede estar diciendo que le duele, y en un teckel la espalda va siempre en la lista; repasa las señales de dolor. Después, una educadora que trabaje sin castigos o un veterinario etólogo. No cuentes con que lo arregle la edad: si no es una fase, no se pasa sola.

La fase piraña se pasa contando pequeñas victorias: cada vez que cambia tu mano por el juguete, apúntatela. Un día caerás en que hace semanas que no te deja una marca, y en que tienes un perro que, cuando juega contigo, sabe exactamente cuánta fuerza poner.

Si te ha servido esto, mira también:
– Por qué tu teckel ladra tanto y qué hacer
– La primera semana con un teckel en casa, día a día
– Problemas de conducta del teckel, por dónde empezar

Fuentes consultadas

Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».
Dachshund: A Smart Owner’s Guide. Kennel Club Books.
Richie, V. (2020). The Complete Guide to Dachshunds. LP Media.
McConnell, P. B. Al otro extremo de la correa.

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