Íbamos un grupo paseando y, como pasa siempre, la fila se estiró: unos delante, otros charlando detrás, una amiga unos metros más rezagada que el resto. Ona, que se había nombrado teckel protector del grupo sin consultar a nadie, empezó a ir del primero al último y del último al primero, revisando. Cuando las cuentas dejaron de salirle, se plantó en mitad del camino y se puso a llorar. No ladraba; lloraba, con ese sonido agudo que te encoge el estómago aunque sepas perfectamente que nadie se ha perdido.
Quería volver atrás a buscarla, y lo pedía con una insistencia que no admitía réplica. Hasta que la amiga no apareció y el grupo no estuvo completo, no hubo manera de seguir. En cuanto lo estuvo, Ona se relajó de golpe y siguió andando como si no hubiera montado ningún número.
Ese día conocí a la teckel protectora que vive dentro de mi perra de caza. Esperaba un animal independiente y testarudo, que es lo que cuentan todos los manuales, y además me encontré a una monitora de campamento que no se fía de nadie para contar cabezas.
Un teckel protector en la playa: el caso del pareo
En la playa, la vigilancia sube de nivel. Una vez, un vendedor ambulante desplegó un pareo para enseñarlo y, durante un segundo, la tela tapó entera a mi prima pequeña. A Ona le sobró con ese segundo: la prima había desaparecido y había un sospechoso.
Salió del agua como un torpedo y persiguió al vendedor por la arena con una determinación que dejaba muy claro lo que opinaba de él. El hombre solo quería vender pareos, pero eso a Ona le daba igual. No volvió a acercarse a nuestra zona en todo el día, y Ona regresó al agua sin darle más vueltas, como quien ha despachado un trámite.
Socorrista sin título y con uñas
Ona se llama así por el mar. Ona es «ola» en catalán, y vivimos en Barcelona, entre la montaña y la playa. El agua le encanta, cuanto más le huela a algo, mejor, y se mete en el mar con una convicción que sus patas no siempre acompañan.
Su forma de entender el mar tiene una regla fija: cualquier persona que se adentra más allá de donde ella hace pie se está ahogando. Da igual que nades bien o que solo quieras refrescarte. Ona nada hacia ti, se agarra con las patas delanteras donde puede para hacer palanca y trata de arrastrarte hacia la orilla. Los arañazos corren de tu cuenta.
Desde su primera vez en la playa lleva chaleco flotador. Un teckel puede nadar, pero mantener a flote un cuerpo tan largo con unas patas tan cortas le cuesta mucho más que a un perro de patas largas, y una socorrista que se empeña en rescatar a gente que no lo necesita tiende a nadar más lejos de lo prudente. Con el chaleco, al menos, la que va segura es ella. Después, agua dulce para quitar la sal y orejas bien secas, que unas orejas caídas guardan la humedad como nadie; cómo hacerlo sin pelea está en la guía de ojos y oídos del teckel.
Con escolta, la protectora se pone chula
Hay una parte menos heroica. Cuando vamos a la playa con sus primos, que son un bóxer, un boyero de Berna y un cruce de american stafford que pesa varias veces lo que ella, Ona se viene arriba. Con esa escolta detrás se cree de su tamaño y provoca a otros perros con la tranquilidad de quien sabe que tiene a tres guardaespaldas a la espalda.
Si alguno le contesta con un ladrido, los primos entienden que hay que defenderla, y un malentendido pequeño se convierte en un asunto de cuatro perros con mucha banda sonora. La guardiana del grupo es también la que más trabajo da al grupo, y a mí me toca recoger los platos rotos con cara de no conocerla.
Parece contradictorio y es la misma Ona: la que llora porque una amiga se ha quedado atrás y la que se pone chulita porque tiene a la familia cerca. Ese apego que la hace contar cabezas es el que, mal llevado, puede acabar en ansiedad por separación, porque un perro que necesita tener a todos a la vista lo pasa mal cuando el que desaparece eres tú.
Cuando una teckel decide que formas parte de su grupo, no lo hace a medias. Te cuenta, te vigila, persigue a quien te tapa con un pareo y, si te alejas demasiado de la orilla, va nadando a buscarte.
Esta faceta de guardaespaldas, y otras escenas de Ona en la playa, las cuento con más calma en los libros que estoy escribiendo. Si quieres saber cuándo salen, pásate por los libros.
Si tu teckel también vigila al grupo:
– Valiente, sensible y con opinión: el carácter del teckel
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