Paseos por el barrio: Trufa con correa, Tyrion suelto.
En mi barrio vive un teckel de pelo duro que se llama Tyrion, como el de Juego de tronos. Cuando me dijeron el nombre pensé que no podía haber otro mejor: patas cortas, bastante graciosete y una valentía que asustaría a un dragón. Un Lannister de pura cepa, a ras de acera.
Tyrion y Trufa son iguales. Mismo pelo, misma barba, misma forma de mirar como si les debieras dinero. A Trufa le gusta mucho, y eso, viniendo de ella, es un cumplido.
Mismo pelo, distinto expediente
Ahí se acaba el parecido. Tyrion va suelto, obedece a la primera y, cuando llega al paso de cebra, se para y espera para cruzar. Trufa, mientras, tira de la correa como un husky siberiano, con la diferencia de que el trineo soy yo y esto es una acera de barrio.
El dueño de Tyrion es un hombre mayor que pasea sin prisa, con la calma de quien no tiene que negociar cada esquina. Visto de lejos: un teckel de pelo duro y un señor mayor detrás. Y ahí empezó el lío.
El vecino que conocía a mi abuelo, o eso creía
Un señor mayor del barrio me paró un día, muy contento: «He visto a tu abuelo paseando al perro». Le contesté con toda la amabilidad del mundo que sería otro perro parecido, que por aquí hay más teckels así. Asintió y siguió su camino.
Al tiempo volvió a la carga: «Yo conozco a tu abuelo, que pasea al perro». Misma respuesta por mi parte, mismo tono, misma sonrisa. Por la suya, el mismo convencimiento, como si no hubiera habido conversación anterior. Para entonces el hombre ya me había montado una familia completa: un abuelo, un perro y una rutina de paseos.
La tercera vez iba con su mujer. Repitió lo del abuelo y el perro, y yo, que ya había gastado la versión diplomática, le dije la verdad: que era imposible, porque mi abuelo había muerto.
El señor se quedó tieso. Delante de su mujer, además, que es el peor público posible para estas cosas. Lo dije sin ninguna mala intención, de verdad, pero alguien tenía que hacerle el spoiler. Se le quedó la cara de quien retoma Juego de tronos después de meses sin verla: ya no sabe quién sigue vivo ni de quién es hijo cada uno, y habría necesitado un árbol genealógico para entender qué pintaba cada personaje en aquella acera.
Lo que nunca sabré es qué imagen tenía aquel hombre de mi familia: un abuelo con un perro que espera en los pasos de cebra, y una nieta que pasa por detrás haciendo esquí acuático con otro idéntico. Visto así, normal que le cayera mejor el abuelo.
La versión de Trufa: Que me confundan con Tyrion, vale, que el chaval tiene planta. Lo de pararse en el paso de cebra ya es cosa suya: yo tengo cosas que hacer.
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