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Mi teckel acabó colgada de la cola de una labradora

Una tarde en el parque de perros del barrio, cuando Shira y Trufa ya tenían sus diferencias.

Shira es una labradora negra que no ha hecho nada malo en su vida, que yo sepa. Un día, corriendo, tropezó con Trufa sin querer, como tropiezan a diario dos perros que van mirando hacia otro lado en cualquier parque del mundo. Fue un accidente. Trufa no lo vio así.

A partir de ese choque, Shira pasó a ser enemiga oficial. Cada vez que coincidían, mi teckel actuaba en consecuencia, con la constancia de quien ha encontrado a su archienemiga y no tiene ninguna intención de pasar página.

Así se maneja Trufa en el parque. No le cae bien todo el mundo ni finge que le cae bien, y un perro puede pasar de desconocido a enemigo declarado en lo que dura un tropezón, por razones que solo ella conoce. A unos los adopta, a otros los ignora con mucha dedicación, y a Shira le tocó la categoría que nadie quiere.

La tarde en que su dueño quiso evitar el lío

El episodio que lo dejó todo claro empezó con una decisión muy sensata. El dueño de Shira vio venir a Trufa, calculó lo que se avecinaba y levantó a su labradora en brazos para cortar el asunto antes de que empezara. Fuera del alcance, pensó él.

Trufa no lo leyó como una retirada. Lo leyó como una oportunidad. Se lanzó hacia arriba, alcanzó la cola de Shira, que colgaba por debajo de los brazos de su dueño, y se quedó enganchada a ella, balanceándose, con una cara de satisfacción absoluta.

Un señor con una labradora en brazos y, colgando de la labradora, una teckel de pelo duro que no tenía ninguna prisa por bajarse.

El dueño de Shira estaba, comprensiblemente, horrorizado. Yo llegué medio minuto después, igual de horrorizada, a desenganchar a mi perra de la cola de otra. Trufa no entendía a qué venía tanto escándalo.

Desde entonces, cambiamos de acera

Aquel día aprendí la lección que me tocaba: con esta enemistad no hay reconciliación posible, y la solución no pasa por convencer a Trufa sino por no coincidir.

Así que hoy, cuando veo a Shira a lo lejos, cruzamos a la otra acera. Por seguridad, por respeto a las colas ajenas y por lo poco que me queda de reputación en ese parque.

La versión de Trufa: Me colgué de esa cola porque estaba ahí. Si no quería pasajeros, que no la hubiera meneado tanto.

Más política exterior de una teckel:
– Lua, la otra teckel del parque y la única con la que Trufa juega de verdad
– El carácter del teckel: valiente, rencoroso y con opinión

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