Nadie se pregunta «¿es el teckel para mí?» con la cabeza fría. Te lo preguntas con una foto abierta en otra pestaña, un cachorro de orejas enormes que ya tiene nombre en tu cabeza y una vocecita que dice que ya te organizarás. Este test está pensado para ese momento: diez preguntas que conviene contestar antes de escribir a un criador o a una protectora, y que el teckel, si te equivocas, te hará igualmente después, a las siete de la mañana y con la correa en la boca.
No hay trampa ni puntuación oculta. Por cada pregunta, contesta sí o no pensando en tu peor semana del año, no en la mejor. Al final cuentas los síes y lees tu resultado. Si alguna respuesta te incomoda, esa es la que más información te da.
Tu agenda, tus vecinos y tu cuenta corriente
1. ¿Puedes sacar al perro dos veces al día, de verdad, durante quince años?
Dos paseos de entre veinte y cuarenta minutos, con tiempo para olfatear, más algo de juego en casa. También el día que llueve de lado y el lunes después de una semana horrible. Joël Dehasse, veterinario especialista en conducta, calcula que un perro exige entre el 60 y el 80 % de la dedicación de un niño pequeño, y aunque la cifra suene exagerada, se acerca bastante más a la realidad que la foto del perro dormido en el sofá.
2. ¿Va a pasar menos de cuatro o cinco horas seguidas solo?
Linda Whitwam recoge que las protectoras británicas no entregan un perro a quien vaya a dejarlo solo más de cuatro o cinco horas seguidas, y el teckel, que tiende a pegarse a una persona, lo lleva peor que la media. Si trabajas fuera ocho horas sin nadie que pase por casa, esta respuesta es un no aunque te duela. Hay soluciones (paseador, guardería, teletrabajo parcial), pero tienen que estar decididas antes de que llegue el perro, porque la ansiedad por separación se construye mucho más rápido de lo que se deshace.
3. ¿Toleras el ladrido, y lo toleran tus vecinos?
El teckel ladra porque lo seleccionaron para avisar desde debajo de la tierra de dónde estaba el tejón. Dehasse lo describe como un cazador valiente y ladrador, y añade que con educación se templa, aunque nunca desaparece del todo. Si vives con paredes de papel, con un vecino que ya te ha dejado notas en el ascensor o con poca paciencia para el ruido, apúntalo como no. La explicación larga de por qué ladra tanto y qué se puede hacer te ayudará a decidir.
4. ¿Tienes, o puedes juntar, un colchón para imprevistos veterinarios?
Hablo de unos dos mil euros apartados, además de los gastos fijos. En esta raza la pregunta pesa más que en otras: en la encuesta DachsLife, con más de 2.000 teckels, el 15,7 % había tenido un diagnóstico veterinario de enfermedad discal (Packer et al., 2016), y una cirugía de espalda se cuenta en miles. Si no tienes ese margen, tampoco es un no automático: un seguro de salud contratado pronto puede cubrirlo. Las cuentas completas están en el precio real de un teckel.
El carácter que no sale en las fotos
5. ¿Te parece bien un perro que obedece cuando le cuadra?
Dehasse explica que cuando el teckel tiene la nariz en un rastro, deja de oír a quien lo llama. No es mala voluntad, es concentración en un trabajo para el que lleva siglos seleccionado. En la práctica significa llamadas ignoradas en el parque, sueltas solo en zonas seguras durante mucho tiempo y una buena dosis de humor. Si buscas un perro que te mire esperando órdenes, hay razas que lo hacen mejor.
6. ¿Aceptas que excave, persiga y se coma lo que encuentre?
Macetas, cojines, el bajo del sofá, lagartijas, palomas, lo que haya en el suelo del parque después de un botellón. El instinto de caza no se quita: se canaliza con juegos de olfato y se gestiona con correa y vigilancia. Quien tenga un jardín perfecto o gatos que corren mucho debería pensarlo con calma.
7. ¿Te ves siendo su persona favorita, con todo lo que eso implica?
El teckel suele elegir a una persona y organizar su vida alrededor de ella: la sigue al baño, la vigila desde el pasillo y protesta cuando se va. A muchos dueños les encanta. A otros les agobia, y en casas con varios miembros puede generar celos. El carácter del teckel tiene más matices de los que caben aquí, y conviene leerlos antes de que te elija a ti.
Tu casa y tus planes
8. ¿Puedes adaptar la casa a una espalda delicada?
Alfombras en los suelos que resbalan, una forma razonable de subir y bajar del sofá y de la cama, y la costumbre de cogerlo bien, sujetando siempre pecho y trasero a la vez. No hace falta jardín: el teckel vive estupendamente en un piso. Pero el piso cambia un poco.
Ona tiene rampas para el sofá y para la cama. Las usa más o menos siete de cada diez veces; las otras tres me mira, calcula y salta antes de que llegue a impedirlo. Y luego está la terraza, que es buenísima para ella y también un mirador con megafonía: el perro de abajo, la paloma del tejado de enfrente y el vecino que saca la basura un domingo a las siete reciben su comentario. Abrirla a las seis de la mañana de un sábado fue un error que solo cometí una vez.
9. ¿Vas a controlar la comida aunque te ponga cara de no haber comido en tres días?
El teckel es un actor excelente en el papel de hambriento, y cada kilo de más lo carga una columna que ya trabaja de sobra. Si en tu casa hay alguien incapaz de no dar jamón por debajo de la mesa, la conversación hay que tenerla ahora. Cómo se ve un teckel en su peso está en el peso ideal del teckel.
10. ¿Tienes plan para las vacaciones, una mudanza o un hijo?
Dehasse plantea la pregunta que casi nadie se hace: quién se ocupará del perro si te casas, si tienes hijos, si te mudas a un piso donde no admiten animales o si enfermas. No hace falta tener la respuesta perfecta, pero sí alguna. Whitwam enumera las causas más frecuentes por las que acaban teckels en protectoras, y casi todas son cambios de vida que nadie previó: nuevos horarios de trabajo, un divorcio, un bebé, una mudanza, un perro que resultó tener más energía de la esperada.
Cuenta tus síes
| 9 o 10 síes | Encaja. Ve a por él con calma: el siguiente paso es decidir entre comprar a un criador responsable o adoptar. |
|---|---|
| 6 a 8 síes | Puede encajar si resuelves los noes antes de que llegue. Mira cuáles son: el 2 y el 4 se arreglan con organización y dinero; el 3 y el 5 dependen de tu carácter y no se arreglan comprando nada. |
| 5 o menos | Ahora mismo no. Puede que más adelante, o puede que tu perro sea de otra raza. |
Ese último resultado escuece, pero es el que evita que un teckel acabe en una protectora a los dos años. Si estás en él y aun así quieres pasar tiempo con la raza, hay una salida razonable: ofrecerte como casa de acogida. Whitwam lo propone como forma de comprobar si eres la persona adecuada, y a la protectora le resuelve un problema mientras tú aprendes cómo es convivir con uno.
Si has sacado un resultado alto, la decisión siguiente es más concreta: cachorro o adulto. Y si dudas entre contestar sí o no en varias preguntas, vuelve a leerlas dentro de un mes. Si el teckel sigue apareciendo en tu cabeza cuando llueve y son las siete de la mañana, probablemente es para ti.
Para seguir con la decisión:
– Lo que cuesta un teckel de la señal a los quince años
– Macho o hembra, sin mitos de foro
– Antes de tener un teckel: por dónde empezar
Fuentes consultadas
Dehasse, J. (2011). Le teckel. La Griffe, colección «Mon chien de compagnie».
Whitwam, L. (2021). The Dachshund Handbook: For Standard & Miniature Dachshunds. Recomendado por el Health Committee del Dachshund Breed Council (Reino Unido).
Packer, R. M. A., Seath, I. J., O’Neill, D. G., De Decker, S. y Volk, H. A. (2016). «DachsLife 2015: an investigation of lifestyle associations with the risk of intervertebral disc disease in Dachshunds». Canine Genetics and Epidemiology, 3:8. doi:10.1186/s40575-016-0039-8