Hoy ves a ese teckel con su abrigo de cuadros, mirándote como si el raro del parque fueras tú. Lo que no cuenta (lo disimula como buen actor de telenovela canina) es que sus antepasados no jugaban a buscar pelotas: se metían bajo tierra a pelear con tejones que, si los ves, te cambias de acera.
Esta es su historia, de los bosques alemanes a los palacios, de las dos guerras mundiales a la mascota olímpica y a las quedadas multitudinarias de hoy. Si quieres ir al grano, aquí tienes las fechas clave.
| 1719 | El manual de caza Der vollkommene Teutsche Jäger ya describe a estos perros bajos de madriguera. |
|---|---|
| 1879 | Primer estándar de la raza en Alemania. |
| 1888 | Se funda el Deutscher Teckelklub. |
| 1914-1918 | Primera Guerra Mundial: el teckel pasa a ser «el perro del enemigo» en Reino Unido y EE. UU. |
| 1972 | Waldi, un teckel, es la mascota de los Juegos Olímpicos de Múnich. |
| 1978 | Se funda el Teckel Club de España. |
Un perro diseñado para la madriguera
Para entender al teckel hay que viajar a los bosques alemanes del siglo XVI, cuando la caza era símbolo de poder. Hacía falta un perro que no solo se metiera en las madrigueras, sino que saliera vivo de ellas.
El resultado fue un Frankenstein adorable: nariz de sabueso, patas cortas para cavar como si la tierra le debiera dinero, orejas que canalizan olores y una cola que, según se cuenta, servía al cazador para sacarlo de la madriguera cuando la cosa se ponía fea. Nada de eso fue casual: era un perro herramienta, funcional como una navaja suiza, pero con colmillos.
Los primeros registros
En los siglos XVI y XVII, los manuales de caza ya hablaban de estos perros bajos y valientes. Der vollkommene Teutsche Jäger (1719) los describía como la peor pesadilla de un tejón, y aunque todavía no se llamaban «teckel», los grabados muestran esa silueta inconfundible.
En aquella época daba igual que el perro fuera mono. Si no aguantaba horas ladrando dentro de un agujero para señalar la presa, no se usaba para criar: la selección era por funcionalidad.
El tejón, su verdadero entrenador
Quien moldeó de verdad al teckel fue el tejón europeo, un animal con uñas de excavador y muy mal genio al que no se cazaba al aire libre: había que entrar en su casa, con todo en contra. Muchos perros no salían, y los que sí dejaban su descendencia en lo que hoy acaricias cada tarde.
El carácter que hoy te desespera porque no obedece era en el siglo XVII lo que le salvaba la vida. Los alemanes, que tienen frases para todo, lo resumían así: «Ein guter Dachshund stirbt lieber im Bau, als die Beute zu verlassen» (un buen perro de tejón prefiere morir bajo tierra que dejar escapar la presa). Cómo se nota hoy esa herencia lo tienes en el carácter del teckel.
De campesino y de noble
Hacia finales del XVIII el teckel ya era habitual en las cacerías, aunque todavía sin estándares ni exposiciones. En Baviera era perro de campesino, rudo y eficaz; en Prusia, símbolo de caza elegante. Esa doble vida, de currante rural y de noble refinado, le acompaña hasta hoy.

El siglo XIX: del barro a la exposición
En pleno siglo XIX, Europa decidió ponerle etiquetas a todo, perros incluidos. Al viejo gladiador de madriguera lo sacaron del agujero, lo peinaron y lo llevaron a una exposición. Y para hacerse famoso fuera de Alemania contó con una ayuda de lujo: una reina.
¿Teckel de caza o de exposición?
En Alemania, los criadores dudaban entre un teckel bajo y compacto para tejones o uno más largo y sabuesero para rastrear ciervos y jabalíes. Optaron por estandarizar y dividir en variedades. En 1879 se redactó el primer estándar de la raza y en 1888 se fundó el Deutscher Teckelklub. A partir de ahí el teckel se criaba también por estética y linaje, no solo por utilidad.
La reina Victoria
La reina Victoria, casada con un alemán, el príncipe Alberto, se enamoró de la raza: los tuvo, los crió y los paseaba por palacio. Y cuando la reina tiene uno, la nobleza entera quiere dos. El teckel pasó a posar en retratos reales y se convirtió en símbolo de clase y de vínculo cultural con Alemania (en aquel momento todavía eran amigos). Inglaterra, Francia, Italia y Rusia querían el suyo.
Mientras los alemanes seguían criándolo para el trabajo, los británicos empezaron a seleccionarlo para la vida doméstica: más dulce, más de sofá. Victoria llegó a tener crías nacidas en el castillo de Windsor, algunas con nombre y retrato propios.
Nace la competición
A medida que avanzaba el siglo, las exposiciones caninas se convirtieron en el nuevo coliseo, sin sangre. El teckel pasó de héroe regional a estrella con versiones de tamaño y pelo. Alemania lo mantenía como perro de caza e Inglaterra lo exhibía como joya real, y esa doble identidad le ayudó a sobrevivir a lo que vino después.
Las guerras: de mascota real a perro del enemigo
En el siglo XX, el perro que había sido estrella de palacios pasó a ser un símbolo del enemigo. Su único delito era tener pasaporte alemán.
Primera Guerra Mundial
En 1914, la prensa británica y estadounidense buscó culpables con forma de caricatura, y el dachshund, con su nombre germano y su relación con la aristocracia, encajaba a la perfección. Aparecieron viñetas con el perro como lacayo del káiser, con casco puntiagudo y bigote, y hubo gente que atacó a teckels por la calle.
En Estados Unidos se intentó rebautizarlo como liberty hound, igual que el chucrut pasó a llamarse liberty cabbage. Funcionó a medias: muchos siguieron desconfiando, pero la raza no pagó del todo los platos rotos.
Segunda Guerra Mundial
En la Alemania nazi, el teckel se presentó como símbolo de valor germano en miniatura, y circularon rumores de todo tipo: que «hablaban» gracias a experimentos secretos o que servían como mensajeros en túneles y detectores de minas. Hubo mucho de propaganda. En los países aliados, mientras tanto, tener un dachshund estaba mal visto.
Algunos criadores, por amor a la raza, siguieron criando con discreción y aguantaron insultos. Gracias a ellos el teckel no desapareció, y cuando terminó la guerra volvió a concursos, hogares y tiras cómicas.
El renacimiento en Estados Unidos
Irónicamente, el gran regreso llegó en Estados Unidos, lejos de los escombros europeos. Su cuerpo improbable, su mirada intensa y su forma de caminar como si fuera el dueño del barrio hicieron el resto: pasó de traidor a protagonista de cómics, de carreras de wiener dogs y de concursos de obediencia en los que, por cierto, suele hacer lo que le da la gana.

Musa, logotipo y mascota olímpica
Un perro con pinta de chorizo con patas ha acabado en exposiciones de arte, anuncios y desfiles olímpicos.
Picasso y Lump, Warhol y Archie
Pablo Picasso convivió con un teckel llamado Lump (en alemán, algo así como «pillo» o «trasto»), que aparece en sus obras y en sus reinterpretaciones de clásicos. Décadas más tarde, Andy Warhol tuvo a Archie, que le seguía a todas partes y del que llegó a decir que le representaba mejor que cualquier persona. Se suele citar también a David Hockney y Keith Haring entre los artistas rendidos al teckel, que es visualmente irresistible: largo, bajito y con orejas como cortinas.
Waldi, Múnich 1972
En 1972, Alemania eligió como mascota olímpica a un teckel: un perro de patas cortas para representar velocidad y competitividad. Lo llamaron Waldi, lo pintaron de colores (guiño a una Alemania que quería limpiar su imagen) y el recorrido del maratón se diseñó con su silueta. Waldi fue la primera mascota olímpica oficial, y desde entonces ningún evento se concibe sin una figura de ojos grandes y mucho merchandising.
Publicidad, cuentos e Instagram
Desde los años 80, la publicidad lo ha usado para vender cerveza, coches y perfumes, casi siempre en situaciones absurdas: demasiado largo para el sofá, enredado en papel higiénico o disfrazado de perrito caliente. Disney lo metió en cortos animados, la literatura infantil lo hizo héroe y las redes sociales lo han convertido en fenómeno, con cuentas de miles de seguidores, calendarios, pegatinas, cojines y pijamas.
Vende porque conecta: es torpe, cabezón, testarudo, valiente y adorable, el que no tiene cuerpo de atleta pero corre como si lo tuviera.
El teckel hoy, en el mundo y en España
Después de sobrevivir a tejones, reinas y guerras, el teckel se hizo fuerte en Europa (bohemio en Francia, tradicional en Austria, aristocrático en Rusia) y en Estados Unidos se convirtió en celebridad, con carreras de wiener dogs en estadios y gente disfrazada de perrito caliente. Sigue siendo una de las razas más registradas en muchos países.
España, de rareza a estrella de parque
Todo apunta a que llegó en el siglo XIX, probablemente desde Francia o Inglaterra, como tantas modas aristocráticas. Al principio solo lo tenían marqueses con apellidos triples; hoy lo tiene tu vecino del cuarto. El Teckel Club de España se fundó en 1978 y, desde entonces, la raza no ha dejado de crecer.
En los últimos veinte años ha pasado de rareza a estrella de parque, de terrazas y de metro. Lo más característico del teckel español son las quedadas multitudinarias, y la de Sevilla presume de haber reunido a más de 10.000 perros salchicha.
El teckel que todavía trabaja
Aunque la mayoría vive hoy de pienso y caricias, algunos siguen trabajando:
- En Alemania y Austria participan en pruebas de madriguera artificial.
- En rescates, algunos se meten entre escombros en busca de personas.
- En aeropuertos, pueden detectar lo que ni tú sabías que llevabas.
- En terapias, ayudan en hospitales y residencias.

Por qué esta historia explica a tu teckel
Fue herramienta de campesino y tesoro de reinas, símbolo de guerra y mascota de paz. Sobrevivió a cambios de nombre, campañas de odio y peluqueros que no lo entendieron, y sigue aquí con el mismo carácter de su primera madriguera. Eso que hace en casa tiene siglos de historia detrás: lo cuentan su carácter, cómo está hecho su cuerpo y sus variedades.